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El asador de Lugo que conquistó el polígono de Sabón con su chuletón: "Solo ofrecemos producto de calidad"

David Boado y su madre, Filo Fernández, apuestan por una cocina tradicional "sin florituras" con una carta en la que destacan las carnes y los pescados a la brasa, los "platos estrella" con los que han conseguido hacerse un hueco en Arteixo desde que abrieron sus puertas hace diez años

Filo Fernández y David Boado en su local de Vilarrodís.

Filo Fernández y David Boado en su local de Vilarrodís. / CASTELEIRO

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Arteixo

A pesar de su capacidad limitada, el ambiente íntimo del Asador Arde Lucus, en Arteixo, se ha convertido en su mejor aliado. Los 35 asientos disponibles se cotizan al alza cada día, transformando el comedor en un punto de encuentro donde se mezclan los monos de trabajo de las industrias cercanas con los trajes de los ejecutivos que escapan por unas horas del bullicio de las oficinas de Sabón. La fidelidad de sus comensales demuestra que el "boca a boca" funciona mejor que cualquier campaña de publicidad: en su local de Vilarrodís no hace falta un cartel luminoso, el olor a leña y carbón ya ejerce de perfecto reclamo.

Y es que la propuesta de David Boado y su madre Filo Fernández, naturales de Lugo, se mantiene fiel a la filosofía con la que encendieron los fogones hace diez años. En un sector hostelero que a menudo se rinde a las modas culinarias, este rincón de Oseiro resiste con el orgullo de la cocina tradicional, la que no necesita disfraces ni "florituras", y que además ha logrado colarse en la lista de la Guía Macarfi.

La ausencia de un menú del día, lejos de ser un obstáculo en un entorno netamente industrial, es su mayor declaración de intenciones. Los clientes acuden buscando la honestidad de un producto fresco, comprado en el mercado y seleccionado con el rigor de quien conoce los estándares de la cocina lucense. "Solo ofrecemos producto de calidad, y de temporada", sostiene Boado.

Parrilla a la vista sin prisas

Sentarse a la mesa del Arde Lucus implica aceptar los tiempos que dicta la brasa, tal y como asegura Boado. La parrilla a la vista no es solo un reclamo visual para el comensal, sino que es un ejercicio de honestidad donde se puede observar cómo los pescados de temporada consiguen ese punto exacto de jugosidad o cómo el chuletón, uno de sus platos fuertes, adquiere el sellado perfecto.

David y Filo saben que "el fuego no admite prisas", y esa pausa culinaria es, precisamente, lo que agradecen quienes llegan fatigados de la rutina laboral o aquellos que han conducido kilómetros desde Asturias o A Costa da Morte solo para comprobar si la fama del local es merecida. "Alucinamos, porque los fines de semana viene gente de muy lejos a comer", dicen.

El viaje de este asador, que comenzó en 2016 como una apuesta arriesgada en una zona donde la parrilla apenas tenía presencia, encara la siguiente década de vida con la misma humildad del primer día. "No nos volvemos muy locos", afirma Boado, resumiendo en una frase la esencia de un negocio familiar que prefiere "mimar el plato" antes que buscar una expansión que diluya su identidad. En Sabón, entre naves industriales y camiones, el Arde Lucus se presenta como un oasis donde Lugo y el mar se abrazan a través de la brasa.

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