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Memoria histórica

"Vi llorar muchas veces a mi madre por el 'pobre Gerardiño', se lo llevaron una noche y no volvieron a saber de él"

El primo segundo de Gerardo Gómez, el joven republicano de 21 años asesinado en 1938 tras huir del penal navarro de San Cristóbal, celebra la identificación de los restos, que fue posible gracias al ADN de un pariente de Buenos Aires

Exhumación de la fosa en el monte de Ezkaba.

Exhumación de la fosa en el monte de Ezkaba. / LOC

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Bergondo

Han tenido que pasar 90 años para que la familia de Gerardo Gómez Lorenzo recupere el rastro de este joven carpintero de Bergondo que en 1936, con solo 18 años, fue arrancado a la fuerza de su casa en Carrio. "Se lo llevaron detenido y no volvieron a saber de él", relata un primo segundo, Julio Suárez, que nació en esa misma casa y que solo conoció a Gerardo a través de las tristes evocaciones de su madre.

"La vi llorar muchas veces por el pobre Gerardiño, eran como hermanos, crecieron juntos, vivían en la misma casa", cuenta este vecino de Bergondo, satisfecho de que al fin se haya localizado los restos, aunque con la espinita de que este vacío en la memoria no se llenase a tiempo para cerrar las heridas de su madre: "A ella y a su hermana les hubiese gustado mucho saberlo, pero no llegaron a tiempo".

Los restos de Gerardo fueron identificados la pasada semana, ocho años después de ser exhumados de una fosa del monte de Ezkaba, en Navarra. Él fue uno de los 795 presos que se fugaron del penal de San Cristóbal durante la noche del 24 de mayo de 1938 en la que está considerada la mayor evasión penitenciaria de Europa. Solo tres lograron el objetivo de cruzar la frontera con Francia. 206 fueron capturados y ejecutados. Entre ellos Gerardo, que había sido detenido en 1936 por "apoyo a la rebelión" y condenado un año después a 30 años de reclusión.

Identificado gracias al ADN de un familiar de Buenos Aires

"Mi madre no llegó a saber ni que estaba en la cárcel de San Cristóbal. Intentaron localizarlo muchas veces, pero no hubo forma", lamenta Julio Suárez. Este vecino de Bergondo supo del triste destino de su primo segundo gracias a una charla que impartió en el municipio Fermín Ezkieta para presentar su libro Los fugados del fuerte de Ezkaba. Las indagaciones de este especialista fueron claves para recuperar la historia de los presos de este penal y también para dar con familiares de los reclusos que permitan poner nombre a los restos exhumados gracias a la labor de colectivos como la Asociación Txinparta y del departamento de Memoria y Convivencia, Acción Exterior y Euskera del Gobierno de Navarra y el Banco de ADN del Gobierno de Navarra.

La localización de los familiares de Bergondo permitió seguir el rastro de Gerardo hasta Buenos Aires, donde se localizó finalmente a un pariente que aportó el ADN que permitió identificar los restos, localizados en una fosa junto a otro fugado. Los historiadores sospechaban que podría tratarse de otro bergondés: Andrés Pardo Argüeso. De momento, el final de este otro recluso sigue envuelto en incógnitas.

De momento, se desconoce cuál va a ser el destino de los restos de Gerardo. Julio Suárez tiene previsto reunirse la próxima semana con otro familiar para analizar los pasos a dar. El Concello de Bergondo celebró este fin de semana una identificación que "pone fin a casi un siglo de sufrimiento familiar" y agradeció la labor de los investigadores que lo hicieron posible, especialmente de Fermín Ezkieta.

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