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Así era el Moby Dick, el mítico pub de A Coruña que inventó las 'palanganas' y desafió a un cura

Los icónicos cócteles del bar de Lito Pena en Sada, refugio de cientos de jóvenes durante los 80 y los 90, regresan este domingo en la fiesta homenaje del Vivamus Terrace

La fiesta de despedida del histórico pub Moby Dick en Sada, con una tarta conmemorativa.

La fiesta de despedida del histórico pub Moby Dick en Sada, con una tarta conmemorativa. / Víctor Echave

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Cae la tarde en Sada. Son los años 80 y las calles se han vuelto un hervidero de hombreras y chaquetas de colores brillantes.

En los grupos de adolescentes que se reúnen en los portales, no hay mucha discusión sobre a dónde ir para quemar un trozo de juventud durante unas cuantas horas. El Moby Dick, con su luz tenue y sus éxitos de rock and roll sonando por los altavoces, es un canto de sirena imposible de resistir desde la calle del Río, donde se mezcla todo el que tenga ganas de disfrutar y el gusto musical un poco trabajado.

Allí, tras la barra, siempre estaba Lito Pena, sirviendo copas y pensando cómo cambiaría hoy el pequeño trozo de mundo en el que vivía. "Mi padre era un liante nato. Siempre le estaba dando vueltas a la cabeza y tuvo la suerte de que siempre le apoyaron", explica con cariño su hija Almudena, a la que le faltan dedos para enumerar todas las iniciativas que emprendió en el municipio.

Recuerda cómo rescató los carnavales sadenses, el día que creó el feirón y cuando se propuso impulsar la fiesta de la cerveza durante diez años. Pero, si se le pregunta a cualquier vecino e incluso a los coruñeses de la comarca, todos coincidirían en que su mayor hito ocurrió mucho antes, cuando fundó en los años 60 "el primer pub de Sada, de Galicia y casi de toda España".

Moby Dick, el legado cultural que Sada recupera este domingo

Este domingo, en el Vivamus Terrace, el universo de música y copas que ideó Lito volverá a la vida en un homenaje ante el que Almudena se siente "ilusionada y orgullosa". La fiesta comenzará a las 13.30 horas y llevará de nuevo a Sada las míticas palanganas del bar, que los grupos de amigos compartían tratando de quedarse, si había suerte, con la mayoría de los trozos de fruta en almíbar que nadaban en el brebaje.

Lito Pena (centro), sentado en la entrada del Moby Dick en la década de los 70.

Lito Pena (centro), sentado en la entrada del Moby Dick en la década de los 70. / Cedida

La receta era casi una bebida de aprovechamiento, a la que Lito llegó buscando "un cóctel que gustara y fuera asequible" para el público sadense. Tenía un poco de todo y aun así -o quizá por eso- funcionaba: fruta, hielo, ginebra y vodka a partes iguales, martini blanco con whisky y un chorrito de Cointreau, que se remataba con lima y una media de cava que acabó sustituyéndose por espumoso con el tiempo.

"Llevaba de todo menos ron, pero tenía menos de 18 grados. De todos modos, si uno no sabía qué pedir, mi padre cogía la batidora e improvisaba un cóctel en el momento", recuerda la hija del hostelero, que pasó muchos veranos y fines de semana despachando tras el mostrador de la ballena blanca.

Aquello, dice, "era un no parar", porque en este histórico pub coruñés coincidían gente de todas partes y de todas las generaciones. Aunque con cierta separación cautelosa entre décadas: los más jóvenes se agolpaban arriba y los mayores se atrincheraban en la parte baja, donde uno podía cruzarse, sin querer, con toda clase de personalidades del mundo de la política y la cultura.

Un imán de artistas frente a las advertencias de "pecado"

Por las mesas de este pub pasaron una gran cantidad de actores, directores de cine, escritores y artistas. Porque, en los más de 40 años que estuvo abierto -el Moby Dick cerró en 2012-, el corazón del ocio en Sada fue testigo de mucho más que de tardes zigzagueantes entre cócteles.

Juan Pardo escribió allí su Anduriña y Rivas, el pintor, "siempre estaba ahí metido". En los inicios del pub también cruzaba sus puertas Isaac Díaz Pardo y gente que llegaba de todas partes de España para descubrir aquel extraño bar en el que se podía escuchar a los Beatles y a los Rolling Stones mientras se tomaba una copa.

Modesto Pena, conocido como Lito, en el Moby Dick de Sada.

Modesto Pena, conocido como Lito, en el Moby Dick de Sada. / Cedida

A principios de los 70, en los últimos coletazos de la dictadura, ese concepto de snack bar era una rara avis. Lito se tropezó con él durante su tiempo como emigrante en Suiza y tuvo claro que el vecindario gallego también tenía derecho a mover las caderas al ritmo de Yesterday.

No opinaba igual Juan Villanueva, el cura del lugar, que advertía, a quien quisiera escucharle, que aquel era "un antro de pecado" y un pase directo "al infierno". "Yo creo que incluso le hizo más publicidad, aunque al principio fue un poco duro. Todavía había esa opresión y el miedo a la Guardia Civil", cuenta Almudena, sobre ese momento en el que España empezaba a asomarse a un mundo que le había estado vetado.

Era un proceso que no podía pararse, porque la innovación ya se abría camino a codazos y, en Sada, Lito le daba más alas que nadie. Él fue quien organizó el primer día de las Letras Galegas que se celebró en el concello y el que trajo de vuelta ese Entroido en el que, ahora, niños y mayores aprovechan para tomar orejas cubiertas de azúcar y engalanarse.

El mercadillo de los sábados tampoco existiría si el creador del Moby Dick no lo hubiera impulsado. "Lió a unos amigos para que montaran una pulpería y a otros para que pusieran unos puestos. Quería que hubiera movimiento cultural y económico en el municipio", dice Almudena, que tiene clara la huella que dejó su padre: "Indiscutiblemente", Sada no sería la misma sin él.

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