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Hallan en Carral los restos de cuatro personas en una fosa común del cementerio de Beira: "Teño o presentimento de que un deles é o meu tío avó"

Gracias al minucioso trabajo del equipo de investigación Histagra de la USC, financiado a través de un convenio con la Diputación de A Coruña, ya se ha procedido a la exhumación de uno de los individuos. Tal y como confirmó este miércoles el antropólogo forense Edgar Camarós, las pruebas constatan que al menos dos de los cuerpos localizados corresponden a varones con signos de muerte violenta

Familiares de las víctimas y miembros del grupo de investigación Histagra.

Gus de la Paz

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Carral

El miedo que durante 90 años impuso el silencio en el cementerio de Beira, en Carral, ha empezado a desvanecerse bajo la fuerza de la emoción, los recuerdos y la ciencia. El equipo de investigación Histagra de la Universidade de Santiago de Compostela (USC) han confirmado el hallazgo de los restos óseos de cuatro individuos en la fosa común del camposanto. Los trabajos de antropología forense, coordinados por el científico Edgar Camarós gracias a un convenio firmado con la Diputación de A Coruña, ya han permitido exhumar a uno, mientras que otro de ellos será recuperado este mismo miércoles. Los primeros análisis confirman que se trata de dos varones con evidencias científicas de haber sufrido una muerte violenta, una revelación que coincide con precisión con los registros históricos de la represión.

A pie de fosa, la emoción de las familias de las víctimas ha marcado una jornada histórica para la memoria democrática de la comarca. Décadas después de que sus seres queridos fuesen "paseados" y enterrados de forma clandestina, los testimonios de los nietos y sobrinos de los represaliados han puesto rostro y dignidad a los nombres que aguardan a ser identificados.

Tres historias rotas por el golpe de 1936

«Se o meu avó é un dos catro que atoparon, sería unha boa noticia, pero hai que esperar», explicaba entre lágrimas Aquiles Garea, nieto de Xosé Manuel Moledo Rodríguez, que contó que su abuelo trabajaba en una farmacia en A Coruña cuando se produjo el golpe de Estado. El propio dueño del establecimiento le advirtió de que los falangistas iban a por él y le dijo que huyese. Nunca más se volvió a saber de su paradero, hasta que a su esposa, maestra de la República, le informaron de que el cuerpo de su marido había aparecido en Carral. Desde aquel día, la viuda vistió de riguroso luto y sufrió una dura persecución política que le impidió volver a ejercer la docencia hasta la década de los 60.

La historia de Luciano Costa García guarda un paralelismo trágico. Agricultor, concejal en Cambre y miembro de la CNT, fue detenido por los golpistas el mismo día en que bautizaba a su hija. Su nieta, Sonia Rabina Costa,—que reivindicaba desde hace varios años el nombre de una calle de Carral en honor a su abuelo— recordaba este miércoles cómo su abuela Celsa Emilia Maceiras, que había trabajado como sirvienta en la casa de los Franco en Ferrol, tuvo que huir con sus cuatro hijos y vivir oculta en casa de unos militares amigos de su esposo hasta que su hija, y madre de la propia Sonia Rabina, cumplió los 11 años, sobreviviendo gracias al duro trabajo de empacadora en el puerto de A Coruña. «La memoria histórica se queda corta, nos deben mucho a los familiares», reivindicaba Sonia.

Alicia Lago, una de las familiares de las víctimas de Carral.

Alicia Lago, una de las familiares de las víctimas de Carral. / LOC

Meu pai, que morreu hai dous meses, fíxose probas do ADN para poder identificalo

Para Alicia Lago y Antonio Lastres, el objetivo de la excavación es recuperar a su tío abuelo, Julián Hermida Montoya, un maestro de la República afiliado a la UGT que fue asesinado cuando tenía 29 años. Julián fue secuestrado a punta de pistola por dos falangistas y dos guardias civiles de madrugada en un domicilio de Santiago, y asesinado el 29 de septiembre de 1936 en O Campo da Pousada. En su partida de defunción se registró como causa de la muerte una "hemorragia interna, el eufemismo empleado en la época para ocultar los fusilamientos”, tal y como afirma Antonio Lastres.

Alicia Lago recuerda que su abuela recibió una estricta vigilancia y constantes amenazas con raparle la cabeza, una práctica muy habitual en la época como símbolo de castigo y de humillación pública. «Meu pai, que morreu hai dous meses, fíxose o ADN por se aparecía o corpo para poder identificalo», relataba Alicia, que en 2005 localizó el punto exacto del enterramiento gracias a las indicaciones de un vecino de Carral: «Teño moitas esperanzas en que un deles sexa Julián, teño ese presentimento».

La ciencia al servicio de la reparación

La intervención en Beira, que se prolongará hasta este viernes, 17 de julio, es fruto de un proyecto entre la Diputación de A Coruña y la USC dotado con 150.000 euros para actuar en los cementerios de Serantes, en Ferrol, y Boisaca, en Santiago. La diputada de Derechos Civiles, Soledad Agra, ha calificado de «anomalía democrática» que 50 años después de la muerte del dictador las familias sigan sin saber dónde están sus allegados, agradeciendo el apoyo del Concello de Carral y de la asociación Cultura Aberta, impulsora de la preservación de la memoria local desde el año 2004.

El historiador de Histagra, Xurxo Antelo, precisó que el camposanto cuenta con más zonas con potencial de enterramiento que permanecen registradas, aunque se priorizó la parte posterior de la iglesia por ser la que menos modificaciones sufrió en la reforma de los años 50 y hacia la que apuntaban las fuentes orales.

Presentación de los resultados de los trabajos de búsqueda de víctimas del franquismo en el cementerio de Beira, en Carral

Xurxo Antelo. / Gus de la Paz

La investigación ha permitido documentar que la mayoría de los represaliados procedentes de A Coruña, Cambre y Culleredo eran fusilados en la antigua cantera de As Catalinas, en la carretera N-550. Posteriormente, los vecinos del municipio eran obligados bajo amenazas a cargar los cadáveres en carros de vacas y bueyes para trasladarlos al cementerio de Beira.

Para dignificar este doloroso trayecto, el presidente de Cultura Aberta, Lois Anxo Ferreiro, confirmó que en septiembre se inaugurará una ruta de la memoria de 1,9 kilómetros que unirá el lugar de los fusilamientos en la cantera con el monolito de recuerdo instalado en el camposanto. "Estamos moi contentos de poder chegar hoxe aquí e ter resultados", aseguró Ferreiro. El alcalde de Carral, José Luis Fernández Mouriño, dijo sentirse "orgulloso" de que las cosas "vaian saíndo" y aunque este es un día "agridoce", todos tienen la esperanza puesta en el futuro de la investigación, que queda en manos de las muestras de ADN y de los análisis de laboratorio, un proceso lento pero esperanzador gracias al "excepcional" estado de conservación que presentaba la fosa.

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