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La Vía Verde se somete a examen este verano en Cerceda: "Nosotros éramos ferroviarios y pasamos por aquí millones de veces, pero caminando es otra cosa"

Los primeros caminantes de la temporada avalan la riqueza paisajística de la senda, que registró un total de 18.000 usuarios en 2025, pero advierten de tramos «engañosos» y desvíos por carretera debido a los trabajos pendientes

Mario, Damián y Andrés, tres caminantes coruñesas a su llegad a Cerceda.

Mario, Damián y Andrés, tres caminantes coruñesas a su llegad a Cerceda. / CASTELEIRO

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Cerceda

La Vía Verde Compostela-Tambre-Lengüelle —la senda sobre vías de tren transformada en una ruta de 36 kilómetros— se ha convertido en un nuevo dinamizador del verano en el interior de la provincia de A Coruña. Con el inicio de la temporada estival, los primeros grupos de senderistas y ciclistas ya se dejan ver de forma habitual por el tramo de Cerceda, consolidando un fenómeno turístico que tiene en el paisaje y la gastronomía local su principal aliado, pero que también destapa las asignaturas pendientes de una infraestructura que no se finalizará por completo hasta octubre de este año.

El perfil de quienes estrenan la ruta este mes de julio es variado, pero comparte un denominador común: el calzado de montaña y las ganas de sentarse a la mesa al acabar la caminata. «Nos animamos a hacer la ruta porque queríamos que fuese gastronómica. La intención es parar a comer en Cerceda, que es inicio y final de etapa, según se mire, para quemar unas pocas calorías y luego reponerlas», explican entre risas Mario Pérez, Andrés Cancelo y Damián Murcia. Para ellos, el viaje desde A Coruña tiene, además, un fuerte componente emocional: «Éramos ferroviarios de Renfe, así que queríamos venir andando por el mismo sitio por el que pasamos millones de veces trabajando, pero caminando es otra cosa».

A pie de pista, estos veteranos del sector ferroviario alaban la riqueza natural del entorno a su paso por Ordes y Cerceda. «Lo más bonito es la vegetación, hay una gran variedad. Hemos visto vides con uvas, árboles frutales y hasta un pino creciendo en el estrato de la roca», señala Andrés Cancelo.

18.000 usuarios en 2025

La gran afluencia estival confirma las estadísticas que maneja la Diputación de A Coruña, con 18.000 usuarios registrados en 2025, y el propio Concello de Cerceda, cuyos sensores en la intersección de El Cruce ya registraron cerca de 29.000 tránsitos en el último ejercicio. El impacto económico es directo en O Bar da Estación, regentado por Vicky Cañellas a las puertas del itinerario, donde han pasado de servir dos menús diarios a rebasar los 40 en los días de mayor pico.

Usuarios la de la Vía Verde a su paso por Cerceda.

Usuarios la de la Vía Verde a su paso por Cerceda. / CASTELEIRO

Sin embargo, los primeros caminantes de este verano también sacan a la luz las "sombras" de un proyecto que se ha retrasado debido a imprevistos técnicos, como desprendimientos en la bóveda de uno de los túneles del tramo de Santiago. Al estar el diseño definitivo al 75% de ejecución, los senderistas sufren desvíos incómodos. «La ruta es un poco engañosa porque está inacabada y hay un tramo de unos 10 kilómetros que te obliga a ir por carretera», advierten los exferroviarios.

En la misma línea se expresan José Luis Rodríguez y su compañero de ruta, llegados también desde A Coruña para realizar un trayecto corto de 5 kilómetros con el único objetivo de comer en la villa. «Es el primer día que venimos, pero la ruta de arriba está cerrada y la señalización actual es un poco confusa, hay dos caminos y te puedes liar», aseguran.

A pesar de estas carencias temporales en el equipamiento —los usuarios siguen demandando más bancos, iluminación y la instalación de fuentes públicas—, la primera toma de contacto con el verano está resultando muy notoria. El goteo de excursionistas locales se complementa ya con ciclistas de la zona de Santiago e incluso con los primeros turistas internacionales que se desvían del Camino de Santiago tradicional, atraídos por la belleza de las viejas estaciones ferroviarias abandonadas y la promesa de una caminata en plena naturaleza que aspira, en el futuro, a conectar por el campo con las ciudades de Santiago y A Coruña.

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