Cultura
Ángel de la Cruz, homenajeado en la Semana del Cine de Betanzos: "Creo que hago un cine con buenos sentimientos, con un toque de buen rollo, de ternura"
"Más que artista, me considero un artesano", confiesa este director, con más de treinta años de trayectoria a sus espaldas, que recibirá el viernes un reconocimiento a toda su carrera | "He conseguido dedicarme a lo que me gusta, contar historias, y me siento un privilegiado"

Ángel de la Cruz. / CASTELEIRO / LCO
Se enamoró del séptimo arte en el ya desaparecido Cine Coruña y este martes pudo ver una de sus películas más conocidas y galardonadas, El bosque animado, en una de las salas más antiguas de Europa en funcionamiento. El director, guionista y productor Ángel de la Cruz es el protagonista de la XXIII Semana de Cine de Betanzos, un "contador de historias" que se siente un "privilegiado" por haberse podido dedicar al cine: "Cuando yo empecé era como querer ser astronauta, una marcianada", recuerda.
Para un cinéfilo como usted tiene que ser emocionante ver proyectadas sus películas en una de las salas más antiguas de Europa en funcionamiento...
Pues sí, eso es una de las cosas más bonitas de este de esta semana, que sea en el cine Alfonsetti, ya no quedan cines así. Aquí [en A Coruña] antes teníamos el París, que era uno de los más antiguos... Yo me acuerdo todos los cines de la ciudad, mi vocación nació ahí.
¿Sí?
Claro, yo nací en 1963, en una época en la que hacía poco que teníamos televisión en España, no televisores: televisión. En mi casa no entró un televisor hasta los años 70. Mi ocio, como el de mis padres, era el cine. Y había muchas salas de cine, muchísimas. Recuerdo que mi madre iba a hacer compras por el centro y me dejaba en el cine Coruña. Me compraba la entrada, me metía en el cine, me esperaba a la salida y nos íbamos a tomar un chocolate con churros al Bonilla. El Cine Coruña fue el primer cine de mi vida, me enamoré del cine ahí.
¿Y alguna película que le haya quedado grabada de esa época?
Me acuerdo que en aquella época se veía mucho oeste y mucho péplum. Y guardo en mi memoria la que podría haber sido la primera película que vi, porque yo era muy muy pequeño, cuatro años o así. Era una película del oeste, pero solo recordaba una escena, un plano de un señor con las sienes plateadas y con un traje de flecos, atado a un tótem indio y riéndose.
¿Y localizó la película?
Sí, un buen día, al paso de los de los años, revolviendo en un cajón de VHS de películas descatalogadas, vi esa imagen en una carátula. El señor de sienes plateadas era Stewart Granger y la película se titulaba El justiciero de Kansas y era alemana rodada en Yugoslavia. Luego descubrí que del mismo modo que aquí había spaghetti westerns, los alemanes iban a Yugoslavia a rodar. Y era increíble, todos los tópicos de una película de oeste están metidos ahí: el asalto al tren, los indios que atacan a las caravana, la mina de oro, la pelea en el salón, el duelo, el asalto al banco, la diligencia… todo en la misma película.
Parece muy aficionado al western, pero nunca ha probado ese género y eso que tiene una filmografía de lo más variada: comedia negra, fantasía, drama, thriller...
No, la verdad, y me encantaría, aunque es muy difícil hacer una película de vaqueros hoy día que funcione, pero a lo mejor darle el toque western a algo que pueda estar sucediendo aquí, en Galicia, sí que podría ser interesante. A mí lo de los géneros siempre me han interesado porque yo, más que artista, me considero un artesano. Un artesano hace algo que tiene una utilidad para algo. Si haces comedia, la gente se tiene que reír; si haces un thriller, tiene que estar angustiado, y si haces un drama, tiene que emocionarse, ¿no? Hacer cosas que funcionan. Y para mí hay grandes directores que a lo mejor no son los más famosos, no son John Ford o Orson Welles, pero hacían cualquier cosa que le echaras, directores como Sidney Lumet o Stanley Donen que valían para un roto y para un descosido y que igual no hicieron grandes obras maestras, pero todas sus películas funcionan para lo que fueron pensadas, para entretenerte hora y media, dos horas y que te olvides de tu vida.
Es cierto que Lumet y Donen eran muy versátiles, pero también tenían su sello…
Desde luego, tú ves una película de ellos y los reconoces, sabían imprimir su sello característico.
¿Y cuál sería el suyo? ¿Qué comparten sus películas?
Es difícil de explicar, pero por lo que me dice la gente que las ha visto, creo que son películas con buenos sentimientos, que tienen su toque de buen rollo, lo que en Estados se conoce como feel good movies. Creo que es un cine que tiene una parte de ternura, digamos. Incluso en La silla, que es un thriller que la gente que dice muy angustioso, creo que tiene algún momento de buenos sentimientos.
Sus historias a veces tienen un toque surrealista, ¿En qué se inspira?
En miles de cosas…
¿En Los muertos van deprisa, por ejemplo?
Pues en Los muertos van deprisa, leí la noticia en la prensa.
Anda, pues va a ser cierto que la realidad supera la ficción...
Sí, la noticia era sobre un camión suizo que vino a Galicia a buscar marisco o pescado o lo que fuera y embarcó el camión en una corredoira que no tenía salida. Yo leí la noticia en un momento que buscaba un argumento para hablar de la muerte en clave de comedia y pensé ¿y qué habría pasado si se hubiese quedado atascado a impidiendo el paso al cementerio el día de un entierro?. Así podía hablar de lo que me interesaba, la relación que tiene Galicia con la muerte, con ese componente tan nuestro, que tiene un lado piadoso y otro lado lúdico...
Ha trabajado como director, productor, guionista, pero gran parte de su carrera ha sido de guionista. ¿Es la faceta en la que se siente más cómodo?
Sí, sí yo me considero más que nada guionista. He sido productor por necesidad y maldita la hora, no es algo que me guste hacer. Dirigir sí me gusta, pero requiere mucho tiempo, mucho esfuerzo y al final yo he dirigido cinco películas a lo largo de 30 años... Y gracias [ríe]
Se identifica entonces con la etiqueta de "contador de historias" con la que lo presentan en la Semana del Cine de Betanzos...
Sí, me gusta mucho escribir y escribir para otros también. Yo he escrito el guion de 16 películas y he dirigido cinco nada más. Y luego están los guiones que tengo que no se han hecho e historias a medio hacer…
¿Y algún guion del que se sienta especialmente orgulloso, uno del que diga, este me salió redondo?
Me gusta mucho el de La silla, que acabo acabamos de estrenar. Funcionaba muy bien como guion de género. Y me gustó mucho el de Arrugas, pero ahí había un cómic maravilloso de Paco Roca. Y luego hay otro absolutamente también maravilloso que está por ahí, pero sin hacer, pero estoy súper orgulloso de él. Es una adaptación de un cuento que radió Félix Rodríguez de la Fuente.
Si es de Félix entiendo que hay un lobo...
Hay un lobo, sí. Lo contó en un programa que se llamaba La Aventura de Vivir. Es un cuento que le había contado a él un pastor cuando era niño en Poza de la Sal donde vivía ahí por los páramos de Burgos. Es una historia maravillosa, de esas que emocionan. Recuerdo que escuché el CD en el coche y hubo un momento en el que tuve que parar el coche porque me la iba a dar, o sea, se me empezaron a saltar las lágrimas y no veía la carretera, una llorera... Y pensé, si esto me pasa solamente escuchando, en imagen tiene que ser terrible. Espero que algún día se pueda hacer. A mí me gustaría hacerla con animales de verdad, como la de El oso, de Jean-Jacques Annaud.
El oso es una película preciosa. Ya me están dando ganas de ver en pantalla ese cuento, tiene que hacer esa película…
Sí, hay que hacer esa película [ríe].
A lo largo de su carrera ha recibido muchos reconocimientos, pero también ha habido sinsabores, ¿no?. Hay que aprender a vivir en el alambre y gestionar frustraciones, como dedicar meses de trabajo a proyectos que al final no salen. . .
Sí. Y hay cosas peores, como que salgan y que luego la película no tenga recorrido, eso también es una frustración. Todo ese esfuerzo en buscar financiación y luego te lo juegas. Yo estoy muy contento de que esta última película, La silla, no haya tenido subvenciones públicas, fue todo con inversión privado; pero en cualquier caso, reunir presupuestos, convencer a toda esa gente, es también una responsabilidad. Es una presión muy grande. Y después, toda la gente que trabaja en la película. Y claro, si al final no alcanza unas expectativas mínimas es una frustración y la cosa cada vez es más difícil, porque ya no depende de que la película sea buena o mala, depende de que tengas oportunidad o no.
Uno de los momentos más difíciles de su carrera como director fue precisamente con Los muertos van deprisa...
Sí, se suspendió en el quinto día de rodaje. Nos llamó el productor para decir que no podíamos seguir. Seguramente fue el mazazo más grande de mi vida profesional. Ahí fue cuando empecé mi aventura de productor. Al final la compró Televisión Española y pudimos hacerla y ganó ocho o nueve premios… Siempre hay que luchar. Al final la vida es como las películas, tiene sus conflictos, que hay que ir solventando… Si no sería muy aburrida.
En treinta años ha vivido muchísimos cambios en el sector y también en la forma de disfrutar el cine. Ya no hay cines de barrio como el Coruña, ahora reinan las plataformas...
Ha cambiado totalmente. Cuando empezó Netflix en Estados Unidos yo ya dije en una entrevista que el negocio del futuro iba a estar en el streaming. Y pensaba que efectivamente el streaming iba a ser una ventana más que se iba a sumar a otras, pero ya no es una ventana más, es la ventana. O sea, han desaparecido las grandísimas productoras que había, la Metro, la Paramount… Ahora los grandes monstruos son Netflix, Amazon, HBO, Disney, ellos financian la audiovisual en el mundo. Todo lo que está fuera de ahí es cine independiente y en Hollywood están intentando dar la batalla, pero es una guerra que está perdida.
Bueno, dicen que hay batallas que hay que dar, independientemente del resultado…
Sí, como dice Reverte, que no la ganen así, tan fácilmente.
El audiovisual gallego, en cambio, está en un muy buen momento...
Sí, yo tuve la suerte de empezar cuando se estaba comenzando en Galicia y el aprendizaje fue maravilloso. Recuerdo que tomé la decisión en el 89, año en el que se estrenaron El club de los poetas muertos y Cinema Paradiso. Yo estaba estudiando arquitectura y pensé: ‘¡Pero vamos a ver! Si a mí lo que me gusta es esto, ¿qué hago estudiando arquitectura? No quiero arrepentirme de no haberlo intentado'. De aquellas, había años en que no se hacía ninguna película aquí en Galicia. Recuerdo que hubo un año que gané ocho premios Agapi con un corto porque no había largometrajes. Fue con Aún más difícil, mi último corto, de hecho. Y había años de una única película. Entonces lo importante era crear industria porque no la había. Y yo no fui de los primeros, ya estaban Chano Piñeiro o Xavier Villaverde, que empezaron un poquito antes y que eran mis referentes, pero éramos casi somos de la misma edad. Yo iba un poco detrás de ellos , intentando ir abriendo camino con el sacho, con el con la hoz, cortando maleza. Entonces, claro, se hacía una película cada tres años y que fuese maravillosa, una obra maestra que conquistase al público ya era mucha suerte. Ahora, si se hacen treinta, pues hay más posibilidades de que alguna destaque. Entonces lo importante era crear industria y ayudó mucho Televisión de Galicia y también las ayudas públicas y se empezó a crear un tejido. Lo importante es ir abriendo puertas y que queden abiertas, no cerrarlas.
¿Y tras treinta años de trayectoria, cómo le gustaría cerrar su carrera?
Yo lo que quería hacer ya lo he hecho. Quería era hacer cine, que en mi época era como querer ser astronauta, una marcianada... He conseguido dedicarme a esto, que es lo que me gusta, contar historias y me siento un privilegiado. Hay momentos malos, claro, como en todas las profesiones, pero también es muy gratificante. Yo creo que he conseguido mi objetivo. Y ahora lo que trato es de disfrutar de cada proyecto que hago, centrarme en eso, hacerlo con toda la honradez y con la mejor disposición del mundo para que salga lo mejor posible. Pero disfrutando, claro. Si tú no estás disfrutando y la gente está de mal rollo en el rodaje, yo creo en en la película se va a notar. Yo intento que en los rodajes todo el mundo esté contento y que acabemos a la hora, que es muy importante. Al principio, cuando empezaba, para mí el cine era como una religión. Ahora no. Ya. Ahora es algo muy importante, es mi profesión, mi oficio, que aprendí manchándome las manos; pero ya no me va la vida en ello. Si no me dedicara a esto, me dedicaría a otra cosa. O solo a escribir.
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