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Los «Bridgerton» coruñeses del siglo XIX: estas son las historias ocultas de las fiestas que envolvían al castillo de Santa Cruz de Oleiros

La educadora ambiental y guía del complejo Verónica Campos ha llevado a cabo un exhaustivo trabajo de documentación histórica que arroja luz sobre los «años ciegos» del islote, un trueque que involucró al padre de Picasso, las fastuosas celebraciones de la alta sociedad y hasta la construcción de una carretera para conectar la fortaleza con las Torres de Meirás

La guía Verónica Campos desvela los secretos del castillo de Santa Cruz

Gus de la Paz

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Oleiros

La educadora ambiental del Ceida Verónica Campos, acostumbrada a cruzar cada día la pasarela del castillo de Santa Cruz para guiar a los visitantes, empezó a tirar del hilo del relato oficial y se encontró con un auténtico tesoro oculto en la hemeroteca. Lo que comenzó como un intento de llenar las lagunas del guion habitual ha acabado sacando a la luz los «años ciegos» del islote de Oleiros, un insólito trueque que involucró al padre de Picasso y la cara más glamurosa de la fortaleza: una época de fiestas de la alta sociedad, orquestas y crónicas sociales que convirtieron este rincón en el auténtico Bridgerton de la sociedad coruñesa del siglo XIX.

«Nós somos un centro de educación ambiental, pero no verán traballo nas visitas guiadas pola demanda que hai e deime conta de que faltaba corroborar moitas historias», explica Campos. Al bucear en los archivos de la prensa histórica de A Coruña, descubrió un vacío documental entre 1860 y comienzos del siglo XX. Según explica, tras la desamortización militar, el castillo no pasó directamente a manos de José Quiroga —entonces marido de Emilia Pardo Bazán—, como siempre se había creído.

En 1860, esta fortaleza del siglo XVI fue arrendada en tres ocasiones para usos agrícolas a cambio del mantenimiento de las instalaciones. El verdadero enigma comenzó a resolverse al localizar una entrevista con la hija de Pardo Bazán, quien reveló que la propiedad había pertenecido anteriormente a Román Navarro, un conocido pintor que retrató la fortaleza desde una perspectiva inédita.

Aquel lienzo permitió desvelar otro secreto: la existencia de una torre circular con un enorme alero que correspondía a una antigua capilla, anterior al castillo, que daba nombre al enclave, aunque la fecha de desaparición de esta construcción todavía se desconoce.

Vista del castillo de Santa Cruz de Oleiros.

Vista del castillo de Santa Cruz de Oleiros, concretamente el jardín en el que se celebraban las fiestas. / GUS DE LA PAZ

Además, la llegada de Navarro a A Coruña estuvo vinculada a una curiosa anécdota histórica. El artista permutó su plaza con la del padre de Pablo Picasso, lo que facilitó el traslado de la familia a Barcelona. «Faime graza pensar que gañamos un castelo e perdemos a Picasso», indica Verónica Campos.

A partir de 1892, ya con José Quiroga instalado en el castillo tras su separación de Emilia Pardo Bazán —quien veraneaba en las cercanas Torres de Meirás, nombre con el que la propia autora se refería al actual Pazo de Meirás—, el recinto se transformó en un centro cultural y político de primer orden. Quiroga institucionalizó los «Viernes de Santa Cruz», unos festejos estivales a los que acudía la élite de la época: desde políticos como Emilio Castelar o Vázquez de Mella hasta el príncipe de Mónaco y afamados actores y cantantes de todo el país.

Una de las primeras propiedades en tener luz permanente

«Era como a serie de Bridgerton. Pero, en lugar de haber xornalistas camuflados, había cronistas nos diarios da época describindo o que pasaba», relata Campos. Las recepciones, todo un despliegue de modernidad y ostentación, daban siempre pie a la improvisación y a la sorpresa. Tanto es así, que el castillo fue una de las primeras propiedades de la comarca coruñesa en disponer de iluminación permanente de acetileno, gracias al generador conocido como «Totalizador Palacios».

Quiroga instaló una pista de tenis para sus hijas y adornaba los jardines con farolillos de colores para bailar valses y rigodones. También sorprendía a sus invitados enviando a pianistas a tocar en plena noche sobre embarcaciones en el mar e incluso exhibiendo un caimán, según recogía la prensa de la época. «Era un excelente anfitrión, e a prensa sempre estaba pendente de se habería un próximo 'venres de Santa Cruz', xa que a súa celebración dependía do estado do mar», sostiene la guía oleirense.

Vista de la pasarela del castillo de Santa Cruz.

Vista de la pasarela del castillo de Santa Cruz. / GUS DE LA PAZ

El peso de estas reuniones estivales fue tal que llegó a condicionar el desarrollo de la comarca. En 1895, la prensa denunció el desvío y la prolongación «sin subasta ni concurso» de la carretera entre A Coruña y Sada para conectar las residencias de la élite en Meirás y Santa Cruz antes de ejecutar las vías hacia A Ponte Pasaxe o San Pedro de Nós.

Aunque la figura de Pardo Bazán eclipsó con el tiempo la de su marido, en la memoria colectiva de los vecinos de Oleiros perduró durante décadas el recuerdo de aquellos primeros coches y barcos engalanados que llevaban hasta la ría el espectáculo y a destacadas figuras de la intelectualidad.

Hoy, Verónica Campos —que ofrece visitas guiadas los martes, jueves y viernes a las 11.00 horas— continúa una investigación que busca devolver la luz a las sombras de un castillo que fue mucho más que un baluarte defensivo. La fortaleza se convirtió en punto de encuentro de la alta sociedad española del siglo XIX y en un emblema sociocultural cuya influencia llegó incluso a condicionar el trazado de carreteras. Tal y como asegura la oleirense, este es solo el inicio de una exhausta investigación sobre esta fortaleza, a la que acuden miles de visitantes cada año.

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