El anticuario a 20 minutos de A Coruña con joyas del siglo XIX y un jardín secreto: "Aquí nadie sabe lo que va a encontrar"
Mercedes Rosende dirige desde hace 15 años una cueva del tesoro en Betanzos llena de objetos de segunda mano y antigüedades de distintos puntos del mundo

Mercedes Rosende, en el jardín de su anticuario de Betanzos, posando con algunos de sus tesoros. / Gus de la Paz
En el casco histórico de Betanzos existe un lugar donde no hay tiempo ni fronteras geográficas. Las épocas y los países se entremezclan en los estantes, hermanando la porcelana inglesa con los tocados de los años 20, los bolsos vintage y las lámparas de cristal checo hechas a medida.
Entre los tesoros, se pasea a diario Mercedes Rosende, la propietaria de El Rastro de Merce, una tienda que se ha convertido en un punto de peregrinaje para coleccionistas y curiosos. "Aquí nadie sabe lo que va a encontrar. Entras y que sea lo que Dios quiera", dice entre risas la dueña del comercio, que combina las maravillas de la segunda mano con las antigüedades de los siglos XIX y XX.

Mercedes Rosende, en el interior de su tienda de antigüedades y objetos de segunda mano. / Gus de la Paz
Este 2026, el establecimiento ha cumplido 15 años despachando toda suerte de muebles, vajillas, joyas y objetos de decoración. Para elegirlos no hay más criterio que el gusto de 'Merce', que selecciona desde artículos de 1900 a tocadiscos de la década de los 70 o piezas "de hace 10 años, pero que merecen la pena, como las de Sargadelos".
Y es que, aunque cuando puede aún se escapa "a mercados de Francia o Portugal", solo en Galicia ya "hay auténticas maravillas". "Mucha gente emigró a Alemania y a Suiza y compró muebles y porcelana que se trajo de vuelta. Ya no hace falta irse fuera", asegura la comerciante, atendiendo a un río continuo de gente. Se ha puesto a llover y el negocio se llena.
El Rastro de Merce, un 'museo' para perderse en Betanzos
Son precisamente esos tesoros traídos de la emigración gallega los que más enternecen a la anticuaria. "Pienso en todo lo que les costó ese reloj o esa vajilla que fueron comprando con su esfuerzo y veo el cariño con el que los han tratado", dice Rosende, a la que muchas veces le da "pena" tener que vender sus piezas.

La talla china del siglo XIX de un guardián 'Lokapala' expuesta en El Rastro de Merce. / Gus de la Paz
Cuenta que a Alberto, que trabaja junto a ella en el negocio, le ocurre otro tanto y que incluso le dice muchas veces "que ni les ponga el precio". Y no es para menos, porque en este anticuario de la provincia de A Coruña hay objetos excepcionales, como un tocadiscos de 1970 de Philips -"en el modelo Rosita, una joya"- o una enorme talla de un guerrero Lokapala, un guardián de la cultura china datado de principios del siglo XIX que se conserva "en perfecto estado".
Entre lo que más se vende -y lo que más le gusta a la dueña- están los bolsos y las joyas antiguas, algunas de ellas encontradas en barcos que surcaron los mares. Pero aún más especial que los objetos es lo que la anticuaria se encuentra cuando los aterriza en sus estanterías: dedicatorias y estampas "muy emotivas y curiosas" que se quedan en los mismos artículos en los que llegaron para que las descubra quien termine enamorándose de ellos.

Algunos de los objetos a la venta en este anticuario de Betanzos. / Gus de la Paz
De entre todas, solo hay una que Mercedes quiso guardar para sí: una pequeña libreta forrada que escondía una carta de amor de 1920. "Era muy graciosa. La escribía una chica que le felicitaba el cumpleaños a su novio, que era militar y estaba en Valencia. Le decía que se divirtiera, pero que no se fuera a olvidar de que aquí estaba Carmiña esperándole. Ahora la tengo guardada, porque se va desintegrando".
Un oasis oculto, el otro tesoro de 'Merce'
Además de las antigüedades y los productos de segunda mano de su tienda en el casco histórico de Betanzos, en El Rastro de Merce hay otro tesoro que solo encuentran quienes llegan hasta el fondo del local. "Es mi jardincito. Cuando alquilé esto estaba tapiado y lleno de maleza, pero lo fui montando y ahora es un espacio muy chulo", cuenta la betanceira, que lo abre "desde la primavera hasta que el tiempo lo permite".
En él, los clientes "se sientan un rato a relajarse estos días de calor" o contemplan los objetos antiguos que 'Merce' coloca entre la pila en la que beben las aves y los helechos que ha plantado. Ella misma se refugia allí cuando se sofoca entre tanta etiqueta, aunque los artículos antiguos, admite, siempre han sido su pasión.
La afición, dice, le viene de su padre, un ebanista del que heredó una mueblería que tuvo que cerrar "con la crisis de 2008". En 2011, ya recuperada, decidió lanzarse "y hacer lo que me gusta", que no es más que darle una segunda oportunidad al pasado.
Hoy, a sus puertas llegan clientes de distintas partes de Galicia y España, y también muchos turistas, que "entraron desde el minuto uno". No tenía razón, al parecer, su madre cuando la amonestaba. "De pequeña ya cogía cosas de la casa de mi abuela y mi madre no lo entendía, me decía que tirara esa basura", recuerda Rosende. Como suele decirse, todo está en los ojos del que mira.
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