Caión se entregó al eclipse con el Atlántico como escenario: "Este é un anaco do ceo na terra, non hai lugar mellor"
La parroquia larachesa se llenó de miles de vecinos y visitantes que, durante un minuto pudieron vivir unos instantes mágicos en los que el mar y el cielo se apagaron por completo en una de las jornadas más esperadas del año

Candela F. Roldán
El día empezó como cualquier otro en Caión. A media tarde, con el cielo completamente despejado, los surfistas siguieron entrando y saliendo del agua como cualquier otro día, ajenos todavía al revuelo que unas horas después convirtió el pequeño puerto de A Laracha en uno de los puntos más buscados de la costa coruñesa. Pero aquel miércoles no fue un día cualquiera. Caión tuvo una cita con el cielo.
Pasadas las tres de la tarde no había ni una sola nube. El sol siguió mandando sobre la playa y el pueblo mantuvo su ritmo habitual. En la escuela de surf se dieron las últimas clases de la jornada y en las terrazas se apuraron cafés y comidas con el cartel de "lleno". Poco a poco, sin embargo, empezaron a llegar quienes acudieron con un único propósito: encontrar el mejor lugar posible para ver el eclipse.
Poco antes de las seis de la tarde se cortó el acceso al tráfico. Para entonces, Caión ya parecía otro lugar. «Mira a donde llegan los coches, parece domingo», comentó la larachesa Pilar Caamaño, que esperaba con emoción el gran acontecimiento. El Concello estimó una afluencia de unas 6.000 personas, y lo cierto es que los coches se salían de los márgenes de la parroquia.

Una terraza del paseo marítimo de Caión, abarrotada de personas deseosas de ver el eclipse. / Candela F. Roldán
Entre los visitantes hubo quien llegó desde lejos buscando ese último porcentaje de posibilidades. Dulce Pérez, Mariola Martínez y Fran Paredes acabaron de aparcar a las cinco y media, después de viajar desde Muxía. Allí, explicaron, tenían un 99% de probabilidades de disfrutar del eclipse, pero buscaron el 100%. «Venimos con todo: gafas, bebida», contaron entre risas. Después de dar un paseo por el pueblo, su plan era sencillo: bajar a la playa y esperar.
También llegaron desde Vigo Juan Fuentes, Eva Pérez y Daniel González. Aterrizaron el mismo día y no tuvieron completamente claro que las nubes fueran a permitir el espectáculo. Incluso pensaron en un plan B. Llevaron gafas, camisetas elegidas pensando en el cambio de color y comida suficiente para una pequeña aventura. «Ella me ha convencido», reconoció Juan. Eva, entre risas, asumió la responsabilidad: «Los he liado para venir». Su intención era quedarse también para contemplar las Perseidas, durmiendo en el coche o en la playa, donde pudieran.
Caión, mientras tanto, se preparó para recibirlos.
Ofertas de hasta mil euros por una mesa en el Asteria
En la escuela Caión Surf House, Patrick Vilan convirtió el eclipse en una pequeña fiesta. El establecimiento organizó un evento para unas 80 personas, con las gafas incluidas, paella, picoteo y música. «Hoy fue un día normal, casi», explicó. Por la mañana hubo clases de surf; la tarde quedó reservada para el acontecimiento. El aforo se llenó y las llamadas preguntando por el aparcamiento se multiplicaron.
En el centro del pueblo, el Asteria también vivió una jornada excepcional. Guillermo Iglesias, propietario del histórico y renovado local, contó que el mediodía fue «una auténtica locura». Unas 350 personas pasaron por el restaurante para comer y, ante la avalancha, Guillermo dejó el coche en casa y se movió en patinete. Incluso hubo quien llegó a ofrecerle 1.000 euros por una mesa. Dijo que no.
«Non é a nosa filosofía», explicó. La idea era convertir Asteria durante unas horas en una especie de pequeño festival: comer de pie, picar algo y, sobre todo, poder levantar la mirada hacia el cielo. Preparó además música afrohouse y un menú especial por el eclipse con el que muchos continuaron hasta bien entrada la noche.
La fiebre traspasó incluso las fronteras. Iglesias habló de visitantes llegados de Canadá y Estados Unidos. «É increíble», dijo. Caión llevaba todo el verano recibiendo gente, pero el eclipse tuvo otra dimensión.

Unas mujeres aguardan por el eclipse en una terraza de Caión. / Candela F. Roldán
"Non imos volver ver outro, iso está claro"
Y entre tanta gente también hubo quien resevó el día para acercarse hasta la parroquia marinera porque no quería perderse el evento desde su Caión natal.
Teresa y Pilar Caamaño, hermanas y naturales de Caión, son un claro ejemplo. Ambas quisieron verlo desde la parte más alta, en casa de una prima. Fueron seis. Algunos familiares no pudieron acudir, unos por el Teresa Herrera y otros, confesaron, por miedo al tráfico. Una familiar embarazada decidió quedarse en casa por precaución, pero el resto no dudó en desplazarse hasta Caión para vivir el familia una cita única.
Para ellas no había otro lugar posible. «É o noso primeiro eclipse en Caión e estamos ilusionadas», explicó Pilar. Teresa lo tuvo todavía más claro: «Non imos volver ver outro, iso está claro».

Tres personas observan el sol equipados con las gafas para ver el eclipse. / Candela F. Roldán
Por eso eligieron la parte alta del pueblo. Desde allí, con el Atlántico abierto delante, quisieron ver cómo Caión se oscurecía. «Aquí é onde se vai ver ben», aseguró Teresa. Y entonces llegó la frase que resumió mejor que ninguna otra el sentimiento de quienes consideran este rincón algo más que un lugar: «Caión é un anaco do ceo na terra, non hai lugar mellor».
Durante toda la tarde, el cielo fue el protagonista silencioso. Las conversaciones giraron alrededor de las nubes, de la hora, de dónde colocarse y de cuánto faltaba. En la playa, en el puerto, en las terrazas y en los alrededores de la escuela de surf, miles de personas esperaron con las gafas preparadas.
Y, aunque solo se pudo observar durante unos segundos, Caión se oscureció en el momento más álgido del eclipse, y el silencio se hizo hasta que volvió la luz y sonaron los primeros acordes de Total Eclypse of the Heart, acompañados de un fuerte aplauso, que dio por finalizada una de las jornadas más esperadas por todos en el último año.
- Las magdalenas de A Coruña que llegaron hasta Zara desde el Quinto Pino: 'Estoy superescondida, pero lo uso como reclamo
- La Casa Cervigón, en Oleiros, atesora el primer jardín moderno de Galicia
- Cierra una de las históricas gasolineras de la N-6 en Oleiros
- Casa Miranda, un histórico de las tortillas de Betanzos, cierra a final de año: 'Lo llevo en la sangre y voy a sufrir, pero algún día hay que parar
- Los influencers llegan a los tanatorios de A Coruña en busca del menú del día: 'Pagamos 20 euros los dos
- El Superior reprocha a Oleiros su 'inactividad' ante la denuncia de una supuesta infracción urbanística
- Inaugurado el nuevo paseo de la ría de O Burgo con la vista puesta en prolongarlo por A Coruña
- Movilización vecinal para recuperar las vistas del mirador de A Espenuca, 'el balcón de As Mariñas