Con ella, los organizadores superan los límites técnicos de la masificación y amplían el alcance de cada concierto, partido o ceremonia a audiencias globales.
La historia de la comunicación en eventos en vivo es, en esencia, la historia de cómo la tecnología ensancha el público. Hace más de cinco siglos, la música era privilegio de audiencias selectas, como las que escucharon a Mozart o Beethoven. En 1906, Reginald Aubrey Fessenden realizó la primera emisión de música por radio; en 1973, Elvis Presley dio el salto a la televisión por satélite con un concierto desde Hawái que recorrió el mundo. Hoy, la conectividad permite compartir en tiempo real los momentos más emocionales: los asistentes se conectan con sus seres queridos —y con el propio artista— desde el asiento.
“El principal desafío de la concurrencia de usuarios en una determinada área y usando datos es la capacidad de la red. Pero en los grandes eventos, el hormigón y el vidrio pueden detener las ondas de radio del exterior. La solución es crear un diseño profesional”
Marcin Augustyniak. Telco Solutions for Real Estate | Head of Enterprise Department at Cellnex Poland.
Garantizar internet ininterrumpido y de alta calidad en estadios, pabellones o grandes oficinas es un desafío técnico mayúsculo. Las paredes de hormigón y los cerramientos de cristal dificultan la entrada de señal desde el exterior y, dentro, el verdadero reto es la capacidad: cuando decenas de miles de personas usan datos a la vez, la red se satura si no existe una arquitectura específica para alta densidad.
Cellnex y sus socios abordan ese cuello de botella con una combinación de dos piezas clave:
Sistema de Antena Distribuida (DAS): una red de antenas interiores que lleva 4G y 5G a cada rincón del estadio. Diseñarlo exige ingeniería fina —kilómetros de cableado y coordinación con los cuatro grandes operadores móviles—, y su despliegue en edificios en uso añade complejidad. El resultado: alta velocidad y baja latencia incluso a máxima ocupación.
Plataforma de edge streaming: un sistema de entrega de vídeo de ultra baja latencia que opera en servidores ubicados dentro del recinto. Al mantener el procesamiento, la codificación y el streaming localmente, evita el backhaul a internet y descarga la red, mejorando tiempos de respuesta y estabilidad.
Conectividad robusta significa algo tangible para el público, donde se produzca una Conexión personal para videollamadas y publicaciones en redes sin esperas: recuerdos compartidos en tiempo real. Pero también una Experiencia inmersiva en el móvil, en paralelo al directo: el aficionado puede ser su “propio realizador”, elegir cámaras, repetir un gol o una falta, recuperar lo que no vio y consultar estadísticas y datos ampliados del juego o del artista.
La misma red soporta servicios integrados, habitualmente canalizados por la app corporativa del estadio: guiado a asientos, baños o bares; información de ocupación y tiempos de espera; y pedidos de comida y bebida desde el asiento para recoger sin colas. Son utilidades discretas que reducen fricción y elevan la satisfacción.
Los eventos han dejado de existir sólo en el plano físico. Conviven dos capas: la del estadio lleno de emociones y la digital, multiplicada por pantallas y algoritmos. Así, un partido, un concierto o una ceremonia se convierte en contenido: fragmentado, dirigido y monetizable. Las grandes citas —del fútbol americano a los macroconciertos o los Juegos Olímpicos— muestran esa escala dual, con millones presentes y audiencias globales sumadas en las siguientes horas a golpe de clips, resúmenes y reacciones.
“Esta capacidad de conectividad del Benito Villamarín hace que los usuarios disfruten del ambiente del estadio y de un ambiente de conectividad, y celebrar los triunfos con amigos que quizás no hayan podido ir al campo”
Alejandro Cañestro. IT Director del Real Betis Balonpié.
El resultado es un cambio de paradigma. La conectividad ya no es un lujo: es la base sobre la que pensamos, creamos y colaboramos en el trabajo y el entretenimiento. En un gran evento, una mala cobertura deja un mal recuerdo; por eso, una red móvil robusta debe considerarse estándar de servicio. Porque los eventos en vivo son, cada vez más, redes en vivo: lo que ocurre en un punto del mapa nace local, pero su impacto —y su negocio— se amplía, en segundos, a una audiencia global.