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Vuelta al cole: la labor de Aldeas Infantiles SOS en un septiembre cuesta arriba

Vuelta al cole: la labor de Aldeas Infantiles SOS en un septiembre cuesta arriba

Acción social

Vuelta al cole:
la labor de
Aldeas Infantiles SOS
en un septiembre
cuesta arriba

Este año, preparar el regreso a las aulas cuesta más que nunca. Mientras el precio de los libros y uniformes sigue subiendo, miles de familias apenas pueden permitirse lo básico. Aldeas Infantiles SOS acompaña a más de 4.500 niños y niñas que comienzan el curso sin las mismas oportunidades que el resto.

Este septiembre, poner en marcha el curso escolar cuesta de media 422 euros por estudiante, una cifra que ha vuelto a subir con respecto al año pasado.

Y esa media no cuenta toda la historia. Para quienes viven al límite mes a mes, esa cifra es simplemente imposible. En España, más de 2,7 millones de niños, niñas y adolescentes están en riesgo de pobreza o exclusión social, lo que significa que llegar al colegio con lo necesario se convierte en una carrera de obstáculos constante.

Hay quienes no tienen material, ni conexión a internet, ni dispositivos adecuados. Y a veces, ni siquiera hay suficiente comida en casa. Todo eso influye en el rendimiento escolar, pero también en la autoestima y en el ánimo.

Centros que abren caminos

Para esos niños y niñas que empiezan el curso con más preocupaciones que libros, Aldeas Infantiles SOS ha reforzado su red de apoyo. Lo hace desde 32 Centros de Día, distribuidos por diez comunidades autónomas, en los que este año atienden a 4.284 niños, niñas y adolescentes y a 1.438 familias.

Por las tardes, los centros se llenan de vida. Se ofrece apoyo escolar, acceso a ordenadores, meriendas, actividades lúdicas y un espacio donde simplemente ser niño o niña. Por las mañanas, el foco se pone en las familias: formación digital, orientación laboral, talleres sobre crianzaentre otros apoyos para fortalecer sus habilidades parentales.

En muchas ocasiones, lo más valioso no es el material escolar, sino saber que no están solos. El equipo detrás de cada centro (educadores, psicólogos, trabajadores sociales, voluntarios) no solo entrega cosas. Escucha, entiende y actúa con criterio humano.

En España, más de 2,7 millones de niños, niñas y adolescentes están en riesgo de pobreza o exclusión social

La educación infantil como motor de cambio

La educación de 0 a 3 años sienta las bases del desarrollo de niños y niñas, favorece la conciliación familiar y tiene un papel esencial a la hora de combatir la desigualdad. Por eso, para Aldeas Infantiles SOS es fundamental.

Hay una etapa de la vida en la que el entorno lo es todo. La franja de edad entre 0 y 3 años suele quedar fuera de las conversaciones sobre educación, pero para Aldeas Infantiles SOS es fundamental. Por eso, gestionan cinco Centros de Educación Infantil, desde los que se acompaña a 278 pequeños y a 242 familias.

Están en Cuenca, Granada, Madrid, Santa Cruz de Tenerife y Zaragoza, y en todos ellos se mezcla la atención educativa con el cuidado personal. Niños y niñas de familias muy distintas comparten espacio. Unos necesitan conciliar, otros han llegado derivados por Servicios Sociales. Esa mezcla favorece entornos más abiertos e inclusivos. Se trabaja con ellos desde un enfoque de desarrollo global: emocional, físico y cognitivo. Se usan metodologías como las inteligencias múltiples o la estimulación multisensorial, pero sin academicismos innecesarios. Con naturalidad, con cariño. Lo importante es que esos años tempranos sirvan de base, no de desventaja.



Lo que no cabe en una mochila

Para los niños que crecen en contextos vulnerables, las dificultades educativas no son nuevas. Pero sí se agravan cuando la brecha digital se mezcla con la desigualdad económica. No acceder a actividades extracurriculares, necesitar más apoyo para hacer los deberes, no contar con un lugar tranquilo para estudiar… todo eso pesa.

El absentismo escolar y el abandono temprano no son casualidad, son síntomas. Y para cambiarlos, hay que ir más allá de entregar cuadernos. Aldeas Infantiles SOS lo sabe y por eso trabaja a largo plazo. No está solo en septiembre, ni solo con lo material.

Está cuando hay que repetir curso. Cuando hay una crisis familiar. Cuando falta hasta la comida de la merienda. Está también cuando un niño necesita hablar o cuando una madre necesita respirar. En un curso que empieza más desigual que nunca, esa constancia es lo que realmente marca la diferencia.



Se trata de crecer

Acompañar la vuelta al cole no debería ser una acción solidaria, sino una responsabilidad compartida. Aldeas Infantiles SOS no sustituye al sistema educativo. Lo complementa, lo refuerza, lo apoya. Sobre todo, en los márgenes. Allí donde el sistema no llega del todo, o llega tarde.

Porque si hay algo claro, es que la educación no debería ser un privilegio, ni una carga imposible. Es un derecho. Uno que debe garantizar, también, cuando las circunstancias personales no lo permiten. Este año, miles de niños y niñas no habrían podido empezar el curso con lo necesario si no fuera por este tipo de iniciativas. Y aunque llenar una mochila no cambia todo, puede ser el primer paso para que sí cambie algo.

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