La humanidad respiraba aliviada tras librarse de aquel apocalipsis informático que amenazaba la entrada en el nuevo milenio, las Torres Gemelas aún presidían majestuosas el Bajo Manhattan y los españoles contábamos en pesetas. En A Coruña, celebrábamos la liga del Superdépor y recordábamos el shock provocado por aquel barco encallado a los pies de la Torre de Hércules que había teñido el cielo de negro ocho años antes.

La reflexión sobre cómo era el mundo y nuestro universo inmediato hace dos décadas, cuando LA OPINIÓN DE A Coruña cuajaba sus primeros titulares, también sorprende si pensamos en el Puerto. Nadie podía imaginar entonces que, apenas un mes antes de cumplirse el décimo aniversario del desastre del Mar Egeo, el destino tenía preparada otra estocada. El Prestige, aquel petrolero que naufragó frente a la costa gallega, cuando navegaba desde Letonia a Gibraltar, sería el detonante del salto definitivo hacia lo que debía ser el puerto del futuro. Un futuro que, tras numerosos obstáculos de toda índole, hoy es presente. Un gran puerto exterior sostenible, que garantiza la seguridad de nuestra costa, el control ambiental, el crecimiento industrial, la generación de riqueza y la creación de empleo.

El puerto interior, el único existente entonces, también era muy distinto al que hoy conocemos. Instalaciones tan reconocidas como la actual Lonja aún no existían. Sería inaugurada en 2004 como una de las más modernas de España: amplia, diáfana y con equipamientos de vanguardia. El nuevo Muro fue el revulsivo para colocar el tráfico de pesca fresca y marisco, que tantos puestos de trabajo genera en la ciudad, a la cabeza de España en volumen de capturas.

También incipiente era el tráfico de cruceros, con apenas 36.000 viajeros en el año 2000, y que inicia ahora su reactivación con el objetivo de revalidar las cifras récord de los últimos registros, tras haber superado los 184.000 turistas en 2017. La relación puerto-ciudad se preparaba asimismo para dar el salto, con proyectos como las instalaciones náuticas de Oza y Marina Coruña, en un proceso que culminaría con la reurbanización de la Marina y el Parrote y la eliminación del tráfico rodado gracias a una de las obras más ambiciosas de cuantas se han desarrollado en la ciudad.

Presidente de la Autoridad Portuaria de A Coruña Embarcaciones amarradas en la Dársena de la Marina. Víctor Echave

Este ejercicio de echar la vista atrás es revelador. Demuestra cómo el puerto ha ido madurando mientras nuestras prioridades siguen intactas: desarrollo sostenible, contribución al crecimiento industrial y económico e integración con la ciudad y el área metropolitana marcan nuestra hoja de ruta de cara a los próximos 20 años. Y, aunque no somos adivinos, hemos podido trazar el camino para trabajar con algunas certezas. La primera es que el Puerto Exterior tendrá su enlace ferroviario. Y esa es la bisagra con la que se nos abrirán tres grandes puertas. Por un lado podremos completar el traslado de los graneles, alejando de forma definitiva todas las mercancías sensibles y molestas del centro de la ciudad, y por otra avanzar en una de las grandes transformaciones urbanísticas de nuestra historia reciente, al liberar buena parte de la fachada marítima y ponerla a disposición de los ciudadanos, además de habilitar espacios en los muelles para la generación de nuevos tráficos.

Otro gran reto es el ambiental, el que estaba a punto de eclosionar hace dos décadas con la decisión de construir el Puerto Exterior y que hoy es el motor de nuestro proyecto A Coruña Green Port. Aspiramos a impulsar la descarbonización de la industria en nuestro entorno, lograr la autosuficiencia energética y apostar por fuentes limpias alternativas como el hidrógeno verde, en un proceso que ya hemos iniciado, al igual que el de la innovación y la digitalización.

Estoy convencido de que nuestro puerto en 2040 será el dibujo completo del esbozo que hoy estamos perfilando. Un puerto moderno, diversificado, bien diferenciado en su actividad. Punta Langosteira se habrá consolidado como referencia a nivel nacional, centrado en graneles, grandes operaciones industriales y el sector off shore, convertido en un polo de energía verde y descarbonización.

Mientras tanto, nuestro querido puerto interior pivotará en torno a las mercancías limpias, con la pesca y los cruceros engrosando su liderazgo y cada vez más integrado en la ciudad, cercano y abierto, cosmopolita con su flujo turístico y sus punteras instalaciones náuticas, pero manteniendo toda su esencia, profundamente arraigado en nuestra tradición marinera y atlántica. Será muy diferente al actual, con nuevos tráficos y conexiones marítimas, atento a la intermodalidad y la innovación logística para fomentar el concepto de última milla, como plataforma de proximidad para sectores emergentes como el mercado online o la tecnología de drones.

En nuestro dibujo de las dos próximas décadas solo faltaría que el Dépor gane de nuevo la Liga y ya estaría listo para enmarcar.