Durante el año 2000 tuvo lugar la aparición en A Coruña del diario LA OPINIÓN, que vino a sumarse a los periódicos que circulaban en la ciudad. Desde entonces hasta hoy se fue abriendo un hueco y actualmente es uno de los rotativos de mayor circulación y se ha convertido en una referencia en Marineda, como denominó Emilia Pardo Bazán a la ciudad herculina.

En rigor, el vigésimo aniversario de LA OPINIÓN A CORUÑA fue el año pasado, pero la pandemia, y sobre todo, el estado de temor y postración en que estaba sumida una buena parte de la ciudadanía impidió cualquier tipo de celebración de tal acontecimiento. Hoy, sin que se haya superado por completo la COVID-19, hemos entrado en un estado de cierta normalidad que nos permite que podamos celebrar y compartir con todos nuestros lectores aquella efeméride.

Escribió Ortega y Gasset en En el Centenario de una Universidad (conferencia pronunciada en Granada en 1932) que “La vida es una faena que se hace hacia delante. Nuestro espíritu está siempre en el futuro, preocupado por lo que vamos a hacer, lo que nos va a pasar en el momento que llega”. Pero añade que “solo en vista de ese futuro, para prevenirlo y entrar en él bien pertrechados, se nos ocurre pensar en lo que hemos sido hasta aquí”. Seguidamente, agrega: “Es curioso que el hombre a veces lo que decide hacer en el instante futuro es precisamente ocuparse del pasado, recordar. La palabra es maravillosa: recordar es volver a pasar por el corazón lo que ya una vez pasó por él; esto es, revivir imaginariamente lo ya vivido. Y finaliza señalando que “el recordar se hace en vista del porvenir, y de ahí que si nos analizamos mientras estamos entregados a la memoria, observamos que al rememorar bizqueamos y que, mientras recordamos, con un ojo en el pasado, con el otro seguimos atentos al porvenir, como confiriendo constantemente lo que fue a lo que puede sobrevenir. El recuerdo es la carrerilla que el hombre toma para dar un brinco enérgico sobre el futuro”. Y seguidamente concluye “Conmemorar es recordar en comunidad y públicamente; la conmemoración es la solemnidad del recuerdo”.

Vienen a cuento las brillantes palabras del maestro de los filósofos para reseñar que escribir sobre el vigésimo aniversario de LA OPINIÓN exige, en primer lugar, recordar, que proyectemos la mirada sobre A Coruña de finales del siglo XX. Pero no tanto para hacer una recopilación y datación de acontecimientos, sino, sobre todo, para describir en qué estado se encontraba el “espíritu” de la ciudad. Pero esta rememoración del pasado la hacemos, como afirma Ortega, para preparar el futuro teniendo a la vista lo ya vivido.

No creo equivocarme si digo que A Coruña de finales del siglo pasado pasaba por un período de general abatimiento. Es cierto que estaba más larvado que manifestado a primera vista. Pero la ciudad, como consecuencia del desmantelamiento que habían ido sufriendo sus instituciones, estaba sumida en una crisis de identidad presente sobre la que se cernían negros nubarrones que anunciaban un difícil futuro.

En efecto, desde el comienzo de la democracia con el reconocimiento constitucional del derecho a la autonomía de nuestra nacionalidad histórica, habían comenzado los movimientos políticos para designar la capitalidad de Galicia. Y aunque desde A Coruña las fuerzas locales libraron una importante batalla política y jurídica a favor del reconocimiento de nuestra ciudad como capital de Galicia, lo cierto es que fue la ciudad de Santiago de Compostela la que finalmente se salió con la suya. Ese fue un golpe muy duro, pero no el único. Progresiva e imparablemente se fueron desmantelando o debilitando, según los casos, estructuras militares (Capitanía General de la VIII Región Militar), económico-empresariales (Fenosa, que pasa a ser Unión Fenosa) y bancarias (Banco Pastor).

Por fortuna, este período de languidez, que hizo nacer un cierto pesimismo ciudadano, no duró mucho tiempo porque casi de manera simultánea comenzó a producirse un imparable renacimiento de la ciudad que se asentó en cinco pilares fundamentales.

El primer pilar puede personalizarse en el entonces alcalde de A Coruña, Francisco Vázquez Vázquez, el cual tuvo un papel decisivo en ciertos acontecimientos que hicieron renacer un nuevo espíritu ciudadano. Me refiero a la realización de dos infraestructuras en la ciudad de A Coruña que la convirtieron en una importante atracción para el turismo: el paseo marítimo que rodeó toda la ciudad que la embelleció extraordinariamente y la construcción de aparcamientos por la ciudad que facilitaron la venida masiva de los visitantes.

El segundo pilar fue el propio modelo de convivencia democrática que se instaura en la ciudad. A Coruña había sido a lo largo de los siglos una ciudad abierta y liberal, y este espíritu, lejos de desaparecer o de tornar en amargura por la pérdida de la capitalidad y el desmantelamiento de las instituciones tradicionales, se mantiene y, con el renacimiento paulatino de la ciudad, se refuerza. Si se me permite, la crisis no influyó ni un ápice en la certeza del conocido eslogan de A Coruña, ciudad en la que nadie es forastero. El modelo de convivencia democrática que es la atmósfera que se respira en la ciudad permite que cada visitante sea como quiere ser, porque está en “su casa”, razón por la cual no es un forastero.

El tercer pilar está representado por dos decisiones estratégicas de singular acierto: la mejora del Aeropuerto de Alvedro y, sobre todo, la creación de la Universidade da Coruña. La conexión por vía aérea tendrá una incidencia definitiva, como más adelante diré, en el desarrollo de la industria textil y la existencia de la Universidad no solo retiene en la ciudad a los miles de jóvenes que inician sus carreras con lo que eso supone social y económicamente, sino que la propia Universidad se convierte en un centro de saber que se traduce en apoyo científico a la industria.

El cuarto pilar es la conversión de una empresa coruñesa en una de las multinacionales más importantes del ámbito textil mundial. Me refiero, como todos ustedes habrán adivinado, a Inditex. El desarrollo de esta compañía se debe a una serie de factores en los que tienen que ver las propias características de la ciudad de A Coruña. Es verdad que al ser Inditex una empresa familiar la radicación de la compañía en nuestra ciudad está íntima e inescindiblemente unida a la peripecia humana de esta familia. Con esto quiero decir que el que la familia Ortega Gaona viniese a vivir a A Coruña es fruto de la casualidad. Pero si esto es cierto, también lo es que decidieron asentarse en A Coruña y que desde que empezaron a construir su imperio permanecieron siempre entre nosotros, haciéndonos partícipes de los beneficios directos e indirectos que se derivan de tener en una ciudad del tamaño de A Coruña una industria de envergadura mundial. Cabe imaginar, por eso, que en su estancia en A Coruña habrán pesado también las infraestructuras mencionadas con anterioridad.

El quinto y último pilar es el Puerto Exterior. Esta es verdaderamente una estructura de futuro, que permitirá a A Coruña mantener y acrecentar la industria relacionada con el mar. Con una visión de futuro digna de elogio, en unos momentos en los que se opta por la sostenibilidad, se tomó la acertadísima decisión de trasladar el grueso del tráfico marítimo desde el interior de la ciudad hasta el Puerto Exterior. Que estuvieran en el centro de A Coruña los depósitos de combustibles líquidos y gaseosos para su posterior traslado a la Refinería fue, cuando menos, una decisión que había que revocar lo antes posible. La construcción del Puerto Exterior no solo hará posible que se ubique esa mercancía peligrosa en el lugar adecuado, sino también que liberarán en pleno centro de la ciudad un espacio que podrá mejorar sensiblemente la vida de los coruñeses.

Pues bien, LA OPINIÓN A CORUÑA no solo ha sido un periódico impreso que ha ido relatando los hechos acaecidos durante todos estos años, sino que ha contribuido, desde el ejercicio de su libertad, y con un espíritu crítico y constructivo, a mejorar la historia de nuestra ciudad durante estos veinte años. Como recordaba al inicio de estas líneas, el ejercicio de memoria que suponen estas letras carece de sentido si no supone un paso atrás para dar un gran salto hacia el futuro. A Coruña lo tiene todo, es una ciudad con un espíritu abierto que ha sabido conservarlo en los momentos más difíciles. Las ciudades, más que los edificios inertes que las conforman, son las personas que las habitan. Y los coruñeses y todos los que tienen la fortuna de vivir en esta ciudad tienen ante sí un futuro en el que los límites no los pone ella, sino cada uno de los ciudadanos. Por eso, remedando al presidente Kennedy, no tenemos que preguntarnos qué puede hacer A Coruña por nosotros, sino qué podemos hacer nosotros por ella. Todo lo que hagamos lo merece ampliamente.