18 de agosto de 2013
18.08.2013

Un mar poco accesible

Solo cuatro de cada cien tripulantes enrolados en pesqueros en la comunidad gallega son mujeres - Las estudiantes de las escuelas navales no ven atractivo, fácil, ni cercano el acceso como marineras

19.08.2013 | 02:21

El sector pesquero, pese a las dificultades que atraviesa, es de los que mejor aguantan el temporal de desempleo que devasta el país. Y es también uno de los pocos en los que la presencia de la mujer no ha alcanzado los niveles del resto de sectores productivos. Y es que, pese a su papel básico y hasta mayoritario en oficios como el marisqueo a pie, la transformación, la comercialización o el arreglo de redes, la presencia femenina a bordo es aún residual en la comunidad gallega. Además, las estudiantes de las escuelas náuticas que aspiran a desempeñar en el futuro un papel protagonista en las tripulaciones siguen siendo aún una minoría

Solo cuatro de cada cien tripulantes de buques pesqueros en Galicia son mujeres. En cifras concretas, solo medio millar de los más de 12.000 registrados. Lo dicen las estadísticas y también la tradición y su contraste con la realidad y sus protagonistas. La dureza de las condiciones laborales, el aislamiento y la lejanía del hogar que conlleva, los prejuicios sociales y también empresariales así como la inadaptación de los barcos a posibles roles mixtos explican esta desigualdad de géneros a bordo, común en Europa. Y es que, por cualquiera de esas causas o por la suma de todas, pocas son las mujeres que deciden pasar a bordo de un pesquero su vida profesional. Y, de cara al futuro, no parece que las cosas vayan a cambiar de forma radical, al menos en el corto y medio plazo, porque en las escuelas donde se obtienen los títulos profesionales que capacitan para desempeñar labores como capitán, máquinas o patrón las mujeres son todavía excepción. Y el acceso como marineras tampoco parece ni atractivo ni fácil ni cercano.

En el Instituto Politécnico Marítimo Pesqueiro do Atlántico de Vigo, como muestra, fueron 220 alumnos el pasado curso en sus ciclos medios y superiores de puente y máquinas y solo había cuatro mujeres, tras el abandono de otras dos. En su elección, aseguran las estudiantes, hay mucho de vocacional y de tradición familiar, pero también de búsqueda de una salida profesional diferente sin que esté claro qué deparará el futuro, tal vez a bordo pero muy probablemente no en la actividad pesquera sino en la mercante, la investigación marina, el Salvamento Marítimo o incluso en tierra.

Andrea Barreiros empezó el curso pasado su ciclo medio de patrón de litoral. Llegó al centro desde Louro (Muros) y para ella el oficio del mar es algo familiar. Dos tíos capitanes, un abuelo jefe de máquinas, un padre buzo y una abuela mariscadora deben haber influido en su vocación. "Siempre me gustó y tuve claro qué quería estudiar", explica la joven, que teme que cuando le toque el turno de las prácticas en el mar o de buscar trabajo no le seleccionen y al final acabe trabajando "en tierra". "El mar es un mundo muy cerrado y a muchos hombres aún les cuesta recibir órdenes de una mujer", señala. Ella imagina una posible salida laboral en Salvamento Marítimo.

Otras dos compañeras en la Escuela Náutica, Ánxela Alfonso y Sandra Aldao, cursaron el ciclo superior que las capacitará para ser oficiales de puente, paso previo a patrón de altura.

Ánxela eligió estos estudios porque el mar siempre le pareció un mundo interesante y hasta "bonito" y aunque el ciclo que cursa le gusta, es consciente de que su futuro laboral "es difícil". No sabe qué le deparará aunque prefiere pensar que será "en tierra". Por su parte, Sandra, antes administrativa y diplomada en Relaciones Laborales, decidió reciclarse en una titulación náutico-pesquera en busca de un futuro profesional incierto pero que adivina relacionado con el mar, aunque en tierra, y tal vez fruto de la suma de todas sus experiencias académicas y profesionales. Si no, la mercante, un oceanográfico... "En la pesca tengo claro que no pero no veo por qué no podría ser, el problema es que los barcos no están preparados para tripulaciones mixtas", señala la joven.

También inició su carrera profesional en la escuela náutica Bibiana Álvarez, cuyo título de patrón de altura le permite ser capitana de buques de hasta 1.600 GT y de barcos de pasaje de hasta 350 pasajeros, para lo que sumó días de mar en portacontenedores, remolcadores, oceanográficos y grandes veleros. Bibiana es, además, mecánico mayor naval -jefe de máquinas en buques de hasta 3.000 kw-, al lograr la titulación en la escuela náutica de Ribeira y en la actualidad compagina embarques de puente con algunos de máquinas, como es el caso de una campaña en el oceanográfico Cornide Saavedra, para hacer días de mar en máquinas. Al tiempo, atiende su escuela arousana -Alvamar-, homologada por la Xunta y dedicada a impartir los títulos de recreo, transportes de embarcaciones desde diferentes puntos del planeta y alquiler de barcos de vela y de motor.

Sobre la escasa presencia femenina en el mundo marítimo, Bibiana entiende que aunque "afortunadamente" cada vez se encuentran más mujeres embarcadas, aun así sigue siendo "un mundo de hombres". "Yo creo que la razón es que es trabajo un poco delicado, tanto para hombres como para mujeres. Estás mucho tiempo fuera de casa y además te toca convivir estrechamente con otros tripulantes con los que las relaciones, a veces, no son buenas", explica. "El estrés y agotamiento" implícito al arte de navegar y para las mujeres el distanciamiento con su casa quizás es lo peor, y llegada una edad las obligaciones familiares hacen más difícil el embarque, sin contar con el tortuoso camino que se tiene que recorrer para abrirse paso en un mundo de hombres donde la mayoría de los barcos están diseñados sin pensar en tripulaciones mixtas", añade Bibiana.

Es tal vez por esas dificultades que, según la última estadística pesquera Ocupesca, de la Consellería de Medio Rural e do Mar, de las 12.552 personas registradas en Galicia en 2011 en el sector extractivo -tripulantes de pesqueros- solo se cuentan 518 mujeres. La mayor parte de ellas -un total de 513- aparecen asociadas a la pesca en el caladero nacional, en los buques de bajura y artes menores, mientras que solo 5 aparecen adscritas a caladeros comunitarios, como Gran Sol y, a juzgar por el resultado de las consultas realizadas en el sector, es más que probable que estas cinco ni siquiera estén en activo. Mientras, en las flotas que faenan en pesquerías internacionales -altura y gran altura- no hay presencia femenina.

"La pesca, en mi opinión es el sector donde las condiciones de trabajo son todavía más duras, los embarques son largos y las jornadas eternas y es muy complicado encontrar mujeres que tengan experiencia en la pesca de altura y menos como capitanas, ya que para llegar al puesto se exigen días de mar como marinero, lo que implica trabajar en cubierta, parques de pesca... Después de oficial y finalmente ya se puede obtener el mando". Así lo explica Bibiana Álvarez para razonar esta ausencia de mujeres en la flota de altura. "No conozco a ninguna compañera en pesca de altura, que quizás alguna habrá, solo a biólogas que embarcan como observadoras, pero sí conozco mujeres en puestos de mando en la marina mercante, remolcadores, pasaje y recreo profesional", apunta.

Precisamente para modificar esta situación, Fundamar -fundación de los armadores vigueses, cofradías y los sindicatos UGT y CCOO- tienen en marcha un estudio -proyecto Redmar- para promover la incorporación femenina a la pesca de altura, en concreto en NAFO, para lo que enrolaron a una mujer en un buque arrastrero durante un mes para evaluar las posibilidades y problemas ante posibles tripulaciones femeninas, como ya informó este diario.

Capítulo aparte es el de la bajura o el marisqueo a flote -en el marisqueo a pie, las mujeres son mayoría: 3.504, un 94% del total-, donde pese a la escasez, no es tan excepcional ver mujeres al mando o como marineras en pesqueros en muchos puertos gallegos, muchas veces en sociedad con sus compañeros o maridos.

Una de ellas es la canguesa Eva Cordeiro, que trabaja con su compañero en el María, con el que recogen erizos, algas o nécoras en la costa de O Morrazo y se encarga también de su traslado y venta en la lonja. Cuando empezó no había trabajado nunca en el mar y aunque es su medio de vida aún no consiguió que le guste. "El mar, sobre todo en invierno, no es agradable y tenemos un barquito y pasamos más de un susto, lo suficiente para tener mucho respeto", relata la mujer, que resalta que los horarios pueden durar toda la noche o empezar antes de las cuatro de la mañana, lo que, siendo madre, obliga a complicados ajustes. Sobre la capacitación para el trabajo en el mar, asegura que lo pueden hacer mujeres pero no se lo recomienda "a ninguna ni a nadie". Sin embargo, Eva considera que la supuesta menor fortaleza física de los hombres se puede suplir, en ocasiones, con habilidad.

"A veces digo de broma que me voy a ir al Gran Sol, pero, claro, nunca iría", señala. "Nunca tuve ningún problema, siempre me trataron de maravilla", asegura Cordeiro en relación con el trato que le dan sus compañeros hombres.

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