03 de diciembre de 2017
03.12.2017

Mañana sale

07.12.2017 | 00:54
Mañana sale

A expensas del acuerdo en el reparto de las cantidades de sardina que España y Portugal deben efectuar, la Comisión Europea (CE) decidirá, probablemente mañana, respecto a esas 14.600 toneladas que ambos países -tan ibéricos como la sardina a repartir- plantean como base del acuerdo. Éste es asumible para la flota cerquera gallega si tenemos en cuenta que el techo establecido por los socios de la organización Acerga era de 15.000 toneladas.

Queda también por determinar el periodo de veda temporal para la sardina ibérica.

Y falta algo esencial: cuánto va a poder pescar la flota portuguesa y cuánto la española, teniendo en cuenta que la CE no va a consentir excesos como los registrados en repartos anteriores en los que era evidente que se jugaba con la sobrepesca.

La sardina es esencial en la supervivencia de distintas flotas gallegas que dependen de ella. De ahí la importancia de esta negociación a dos bandas, con una tercera, la CE, que ha de autorizar el reparto.

Portugal va a contribuir económicamente al mantenimiento de la veda. España no ha dicho nada al respecto, como tampoco lo ha hecho la Unión Europea, con lo que alguien deberá explicar cómo es posible que el país vecino asuma la ayuda a su flota mientras que los barcos españoles -la mayoría de ellos, gallegos- deberán conformarse y ver que los buques lusos y sus tripulantes perciben unas sumas de euros que, sin ser de mucha importancia, sí permiten la supervivencia de unas tripulaciones demasiado acostumbradas a la nada.

Mañana sale. Es como el premio que los vendedores del cupón de la ONCE pregonaban años atrás en una invitación al comprador, conscientes de que no todos se iban a beneficiar de ese acto solidario. Aún así, todos compramos, por el "por si acaso". Pero es casi seguro que los marineros y armadores españoles no podrán entrar en el juego de los repartos económicos, con lo que se sentirán, una vez más, en franco agravio con nuestros vecinos lusos.

Lo importante, sin duda, es que los barcos puedan hacerse a la mar y pescar una sardina que existe, por más que los institutos oficiales nieguen su presencia y los organismos de pesca de la UE se sumen a ellos para dar palos de ciego en una pesquería que fluctúa constantemente.

Lo saben, pero insisten. La pesca no es importante para ellos. No, al menos, en la medida que lo es para los pescadores y los consumidores.

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