04 de febrero de 2018
04.02.2018

La pesca que viene

09.02.2018 | 02:04
La pesca que viene

Mientras los arrantxales vascos se preparan para la campaña del verdel (que para ellos se abrirá a finales de mes), la bajura gallega lucha contra el mal tiempo en la mar y esa espada de Damocles que pende sobre sus estructuras a sabiendas de que, abierta la veda de la captura de nuestra humilde xarda, esta pesquería puede cerrarse en cualquier momento porque se está ya en el conteo final de una miseria de cuota otorgada con la venia de la Secretaría General de Pesca tras los recortes más que drásticos proporcionados por Su Majestad la UE a cuanta ilusión -cada vez menor- pudieran albergar los pescadores gallegos de las distintas modalidades que inciden en esa pesquería.

Prácticamente descartada la de la sardina, las posibilidades de supervivencia de este todavía amplio sector de la pesca de bajura de Galicia se ciñe, en realidad, a los residuales del jurel y lo que se acuerde para la anchoa. Es pues, un futuro en el que apretarse el cinturón no es suficiente para sobrevivir y se vislumbra, pese los optimismos de la Consellería do Mar, un futuro de miedos y mucha fibra amarrada en los peiraos que dicen controlar los responsables de Portos de Galicia.

Se adivina un incierto paisaje de puertos con muchos amarres para embarcaciones deportivas y solo unas docenas de barcos de bajura que darán testimonio de que hubo un tiempo en el que Galicia se peinaba las ondas marinas con las proas bien dispuestas de buques de todo tipo que se rifaban los puestos en los caladeros y en las lonjas.

Cualquier tiempo pasado fue mejor, por más que la Xunta se empeñe en demostrar con datos extraídos de unos bien engrasados buenos deseos, que no hay nada como el momento actual porque, pescando menos, se gana más. No se lo creen, pero lo dicen. Saben que somos capaces de comulgar con ruedas de molino. Aunque en el intento se pierda algún premolar.

Son tiempos malos. Como nunca los ha habido. Y aquí se está jugando el futuro de una flota cuyo destino va unido al de millares de ciudadanos que ya no llevan escamas en las manos y no solo porque ahora usen guantes para su trabajo.

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