08 de noviembre de 2018
08.11.2018
La Opinión de A Coruña

Plástico en la sopa

08.11.2018 | 01:42
Plástico en la sopa

Los océanos del planeta Tierra son testigos de cómo más de un millón de aves y cientos de mamíferos marinos mueren cada año a causa de la contaminación por plásticos de sus aguas. Hasta nueve de cada diez aves marinas, una de cada tres tortugas marinas, y la mitad de especies de ballenas y delfines ingirieron plástico alguna vez, según la organización ecologista Greenpeace.

El plástico -que tanto beneficio parecía causar cuando lo empezamos a usar- es el verdadero terror de los océanos: tarda hasta 500 años en degradarse y cuando lo hace se fragmenta en pequeños trozos -microplásticos- que pueden afectar a más organismos por su minúsculo tamaño.

La que se denomina sopa de plástico no sólo está localizada en forma de inmensa mancha formada por millones de envases y bolsas de ese material en el Pacífico. También en los otros existen evidencias abundantes de su presencia. Prácticamente no se puede navegar sin avistar plásticos en cualquier mar.

Según Greenpeace, es sumamente sencillo localizar entre estos millones de envases firmas muy conocidas mundialmente -multinacionales del sector de las bebidas o de la higiene personal- encabezando la lista de empresas que siguen perpetrando la crisis mundial de la contaminación por plásticos.

De seguir así las cosas, la producción de plásticos a nivel mundial se duplicarán en 20 años y se cuadruplicará para 2050. Las sopas de plástico como la del Pacífico seguirán creciendo a menos que las grandes compañías y los supermercados se responsabilicen de la crisis que ellos mismos han contribuido a crear. De hacerlo, que mejoren decisiones como las tomadas en España para tratar de corregir el uso de bolsas de plástico de un solo uso en las que introducen, a la vista del usuario que aporta dicha bolsa, otras de tamaño inferior -asimismo de plástico- en las que van distintos alimentos, desde patatas a pescado, carne o embutidos, quesos, etc., que se depositarán en contenedores que las empresas contratadas por los ayuntamientos -cuando no los propios municipios- no siempre trituran o tratan para posteriormente arrojarlas al mar.

De esta manera el plástico va a parar al mar para formar esas sopas de las que se nutren, sin saberlo, aves marinas, peces, cetáceos marinos, etc.

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