12 de febrero de 2019
12.02.2019

Eso que llaman mar

12.02.2019 | 01:08
Eso que llaman mar

Es como un dolor de muelas al que los odontólogos no quisieran hincar el diente (vaya contrasentido). Se dice, y el que firma más arriba lo suscribe, que no hay mejores marinos o marineros que aquellos que han nacido o se han formado en las escuelas gallegas. Resulta difícil realizar un cálculo exacto sobre el número de ciudadanos gallegos -hombres y mujeres- cuya función principal tiene su función como personal marítimo. Pero es más que probable que supere los 50.000 empleos si sumamos los tres tipos de profesionales de la mar que en Galicia existen. La mayor parte de ellos, en la pesca. Y dentro de esta, en el subsector de la bajura que es, a la vez, la que proporciona vida propia a poblaciones como Malpica, Cedeira, Celeiro, Cedeira, Sada, Portosín, Porto do Son, Ribeira, Rianxo, O Grove, etc. Para embarcaciones de mayor porte dedicadas a la pesca de altura y gran altura, puertos como los de Cangas, Marín, Vigo, Burela, Ribeira, A Coruña, entre otros, tienen mucho que decir en el concierto internacional.

Todo ello, a pesar de que se insiste -sin razón, a mi entender- en la carencia de un relevo generacional que pueda ir sustituyendo a aquellos marineros que se aproximan a los 55 años de edad y, por tanto, a su jubilación anticipada acogiéndose a los beneficios en su momento acordados para otorgarles unos coeficientes reductores de la edad de retiro, medida que se aplica también a la que se considera como la más dura profesión, que es la de minero.

Sé que esto no resulta grato para aquellos armadores que hacen su campaña específica para convencer a la sociedad de que el mar se queda en Galicia sin gente que sustituya a la que está próxima a su retiro profesional. Son proclamas interesadas que no tienen otro objeto que el de lograr salarios que permitan la competencia con los que perciben en la Comunidad gallega marineros senegaleses, marroquíes, peruanos, etc., a los que se pagan jornales de verdadera explotación (aunque para estos sea mucho más de lo que perciben en sus respectivos países).

Las escuelas de formación profesional náutico-pesquera están "a tope" en cuanto a número de alumnos. Estos son el verdadero relevo generacional que los armadores rechazan. No son mano de obra barata, mano de obra que no se vende por un plato de arroz, que duerme en sus domicilios y no en el catre de un barco, que exige zonas de habilitación que les permita una vida digna a bordo y con los correspondientes descansos, lejos de aquellas jornadas interminables de trabajo en el parque de pesca un día y otro también. Hoy se exigen vacaciones, horarios -a ser posible con turnos preestablecidos-, pagas mensuales (aunque los sindicatos no se preocupen -y así les va- de ellos). Saben cuáles son sus derechos y los demandan para embarcarse. Es el verdadero motivo del que dicen es inexistente relevo generacional. Vayan a las escuelas y pregunten: repito, en Vigo, O Burgo, Ferrol, Ribeira... ahí tienen el relevo. Para que funcione, sólo hay que pagarlo.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook