11 de noviembre de 2019
11.11.2019

Toca morir un poco más cada día

10.11.2019 | 20:09

El sector pesquero coruñés está en plena efervescencia como consecuencia de la inseguridad que reina en todos los ámbitos del mismo: desde los asentadores a los transportistas, pasando por los exportadores, los armadores y los tripulantes de los cada vez más escasos barcos con presencia en un puerto, O Muro, que fue todo un referente en el mundo de la pesca fresca europeo y que, desgraciadamente, ya no lo es por distintos avatares.

No son ajenos a estos los vaivenes de la política pesquera comunitaria (PPC) y la arribada al puerto seguro del Ministerio de Agricultura y Pesca, así como la continuidad en la Consellería do Mar (que un día fue de Pesca) de quienes rigen los destinos del sector pesquero gallego, de personajes que jamás han puesto los pies a bordo de un barco de pesca, ni tampoco mantenido contacto, conversaciones a fondo, con aquellos que hacen de la pesca su tarea diaria y su quebradero de cabeza "de continuo". Y la desazón se extiende desde las pequeñas embarcaciones que continúan atracando en los pantalanes de la Dársena de la Marina, a las de mayor porte que atracan y se acoderan en las instalaciones de Oza y en el propio Muro en un intento de recordar aquellos que fueron tiempos mejores y que, para su desgracia, nunca jamás volverán.

La pesca se va. Los pescadores, también. Y dicen que influye notablemente en este hecho la falta de relevo generacional. ¿Y qué es, entonces, la falta de interés de los marineros „o posibles pescadores no nacionales„ que se niegan a trabajar a bordo de los buques de pesca españoles, en este caso gallegos? ¿No será que no encuentran alicientes suficientes para enrolarse en pesqueros coruñeses o de cualquier otro puerto gallego? ¿Han revisado a fondo la causa de este problema antes de culpar al inexistente relevo generacional?

Jornadas para debatir sobre la pesca que, a lo que se puede comprobar, no entran a fondo en los problemas del sector. Congresos que no conducen a nada. ¿Palabras grandilocuentes con las que ocultar los males, cada vez mayores, de un sector que languidece y que ya solo espera el momento de la exportación o venta y desguace del barco?

Vayan a la dársena de Oza. Vean. Pregunten. Tanteen. Escuchen. Oza se muere de tedio, de pena. Aquí solamente se habla de hipotecas, de la necesidad de vender o achatarrar barcos porque no hay quien aguante una situación como esta: cuando no es la carencia de posibilidades de pesca, es el precio del combustible. O la necesidad de navegar más horas para tratar de encontrar un mínimo rastro que conduzca al banco de tal o cual especie (sin que esta sea de las que se prohíben cada poco por la Comisión de Pesca de la UE).

Galicia no tiene salidas válidas. Y ni la UE, ni Madrid ni Santiago, facilitan el camino para hallarlas. Toca morir un poco más cada día.

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