El senador Edward Kennedy falleció ayer a los 77 años víctima del tumor cerebral que padecía. Con él desaparece una de las figuras más importantes del Partido Demócrata, así como el patriarca de una saga familiar a la que ha perseguido la tragedia. Kennedy, conocido en EEUU como el León del Senado, pasó los 47 últimos años de su vida en la Cámara Alta, donde sirvió junto a diez presidentes, entre ellos su hermano, John F. Kennedy, lo que le ha convertido en el tercer senador más longevo.

En este tiempo dejó un importante legado legislativo, principalmente en cuestiones sociales como la sanidad, los derechos civiles, la educación o la inmigración. El asesinato de sus hermanos John, en 1963, y Robert, en 1969, convirtió a Ted, como se le conocía cariñosamente, en el patriarca de la familia pese a ser el menor de los varones. Como sus hermanos, Edward también trató de aspirar a la Casa Blanca, pero sus intentos por hacerse con la candidatura demócrata fracasaron en 1969, en medio de la controversia por un accidente de tráfico en el que murió una mujer y en 1980, cuando se impuso Jimmy Carter. Ahora, Edward será enterrado en el Cementerio Nacional de Arlington, en Virginia, donde descansan sus dos hermanos.

La noticia de su muerte ha conmocionado a todos los estadounidenses, puesto que con él desaparece el patriarca del siempre glamuroso clan Kennedy. Para la familia también ha sido un duro golpe. "Hemos perdido al irreparable centro de nuestra familia y a la alegre luz de nuestras vidas, pero la inspiración de su fe, optimismo y perseverancia vivirá en nuestros corazones para siempre", afirman los Kennedy en un comunicado.

Desde que llegó al Senado en 1962 ocupando el escaño que dejó vacante su hermano John, Edward desempeñó un papel fundamental en la aprobación de leyes tan importantes como la ley de derechos civiles de 1964; la ley de derechos de voto de 1965; la ley de americanos con discapacidades de 1990 y la ley de permiso familiar y médico de 1993. Durante estos años trabajó para imponer sanciones a la Suráfrica del Apartheid, por la paz en Irlanda del Norte y contra la guerra en Vietnam. En 2002, fue uno de los senadores que votó en contra de autorizar la guerra de Irak, asegurando después que esa oposición fue "la mejor votación" que había hecho en toda su trayectoria.

Ejemplo de su lucha y tesón fue su participación durante la Convención Demócrata, de la que justo se cumple ahora un año, en la que Barack Obama fue elegido candidato a la Presidencia. El senador, al que habían diagnosticado un cáncer cerebral en mayo de 2008, fue intervenido para quitarle el tumor y recibió algunas sesiones de quimioterapia. Pese a su débil estado, insistió en participar en el acto, convir- tiéndose en uno de los momentos estelares de la Convención. "He venido aquí esta noche para unirme a vosotros para cambiar América, para restaurar su futuro, para formular nuestros mejores ideales y para elegir a Barack Obama presidente de EEUU", fue su mensaje aquella noche. Su apoyo desde el primer momento a Obama le llevó igualmente a estar presente el 20 de enero en la toma de posesión, sufriendo durante el almuerzo posterior un desmayo que hizo saltar las alarmas.

Obama lamentó ayer la muerte de Kennedy, un "extraordinario" líder al que se refirió como su "colega, consejero y amigo", y de quien destacó el importante legado que deja. "Para su familia, era un guardián, para Estados Unidos el defensor de un sueño", afirmó un visiblemente emocionado Obama desde sus vacaciones. Según Obama, gracias a Kennedy los jubilados tienen más dignidad, las familias, nuevas oportunidades y los niños, más a la educación.

Problemas para los demócratas

La muerte de Edward Kennedy ha supuesto que su partido se quede sin la mayoría de 60 escaños necesaria en la Cámara Alta para sacar adelante los planes de Obama, un desequilibrio que podría tardar meses en subsanarse, pues la ley de Massachusetts da un plazo de entre 145 y 160 para reponer una plaza vacante. Así, los demócratas no recuperarían hasta enero su supermayoría, fundamental para que Obama pueda sacar adelante su controvertido proyecto de reforma sanitaria. Sabedor de este hecho, la semana pasada el propio Kennedy pidió en una carta al gobernador de Massachusetts que actuara rápido para encontrarle un sustituto en la Cámara Alta.