Bélgica dio el paso definitivo para salir de la crisis política que arrastraba desde hace año y medio, con el acuerdo para formar un Ejecutivo logrado entre los seis partidos que participan en las negociaciones. El pacto, cerrado la noche del miércoles, se hizo con el visto bueno de las formaciones (socialistas, liberales y democristianos de las dos grandes comunidades del país, flamencos y francófonos) a las más de 180 páginas del texto.

Ni el partido separatista flamenco N-VA, el más votado en las últimas elecciones, ni los Verdes formarán parte de la coalición, que contará como máximo con 14 ministros más el primer ministro.

El líder socialista francófono, Elio Di Rupo, se convertirá en el primer jefe de Gobierno francófono en Bélgica desde 1974, una tarea desempeñada en general por los flamencos, mayoritarios en el país. Di Rupo será además el primer socialista que desempeñe la función de primer ministro desde ese mismo año, y asumirá su cargo en pleno retroceso de la izquierda en la UE.

Los trámites pendientes antes de la formación del nuevo Gobierno incluyen reuniones de las ejecutivas de los partidos durante el fin de semana y la jura de los cargos, que tendrá lugar probablemente el lunes.

A continuación, Di Rupo debería presentar el Gobierno y su programa al Parlamento, un trámite que requiere dos días, por lo que el nuevo Ejecutivo podría estar en marcha a partir del miércoles, lo que le permitiría asistir a la cumbre europea del 8 y 9 de diciembre.

Con el acuerdo sobre el Gobierno, el país, que comenzó a sufrir un intenso ataque de los mercados en agosto y volvió a ser objeto de presiones en las últimas semanas, puede empezar a respirar tranquilo después de haber sentado las bases de una estabilidad política.

Sin embargo, el contexto actual de crisis y las constantes críticas del líder del N-VA, Bart de Weber, permiten prever que a Di Rupo no le espera un camino de rosas. En todo caso, el pacto resuelve el interminable folletín político que comenzó en abril de 2010 con la dimisión del primer ministro, el democristiano Yves Leterme y se agravó tras las elecciones de junio de ese año.