Al menos 32 personas murieron ayer en Siria, entre ellas siete menores y cuatro soldados desertores, al reprimir las fuerzas de seguridad las manifestaciones convocadas en todo el país contra el régimen del presidente sirio, Bachar el Asad.

Los opositores Comités de Coordinación Local informaron en un comunicado de la muerte de 18 personas en Homs, cinco en Idleb, cuatro en Hama, tres en los alrededores de Damasco y dos en Deraa.

La ofensiva de las fuerzas leales al régimen volvió a centrarse en la ciudad de Homs, uno de los principales feudos de la oposición y que, según la organización Human Rights Watch (HRW), ha sido objeto de crímenes contra la Humanidad desde que comenzó a mediados de marzo la revuelta contra Al Asad.

Entre las víctimas mortales de Homs hay dos mujeres y la mayoría de los fallecimientos se produjeron por disparos de las fuerzas de seguridad y del ejército, desplegado en algunas zonas de la ciudad.

La Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Navy Pillay, lanzó ayer de nuevo un mensaje al Consejo de Seguridad, en vísperas de la celebración del Día Internacional de los Derechos Humanos, para que actúe ante la creciente represión en Siria. "La última vez que acudí al Consejo de Seguridad en agosto, dije que en Siria se había matado al menos a 2.000 personas. Ahora son más de 4.000", recordó Pillay.