Con una catarata de elogios a su gestión, evocaciones a su marido y antecesor, el fallecido Néstor Kirchner, y algún que otro regaño a dirigentes oficialistas, la presidenta argentina, Cristina Fernández, asumió ayer su segundo mandato sin abandonar su riguroso luto.

Incesantes aplausos, cánticos peronistas y papeles blancos y celestes, los colores de la bandera argentina, abrieron la ceremonia de asunción del segundo mandato de Fernández, de peinado impecable y con un vestido negro hasta las rodillas y mangas de encaje.

Su hija menor, Florencia, el gabinete de ministros y el flamante vicepresidente, Amado Boudou, se sumaron a la fiesta peronista con cánticos, los brazos en alto y los dedos en V. Tras estrechar fríamente la mano del vicepresidente saliente, Julio Cobos, Fernández entró al recinto para jurar su cargo y pronunciar un discurso de más de una hora en el que no escapó al llanto al recordar a Kirchner, fallecido el 27 de octubre de 2010.

Fernández rompió el protocolo al evocar a su esposo durante la jura. La presidenta juró su cargo sobre la Biblia pero cambió la fórmula final: Si así no lo hiciera, que "Dios, la Patria y él (Kirchner) me lo demanden", dijo.