Para los Muñoz-Grandes, Rusia siempre es culpable. Lo fue para el padre que mandó durante los dos primeros años en la División Azul, que dio su apoyo a los nazis invadiendo la URSS. Y lo es para el hijo, totalmente contrario a la anexión de Ucrania. El teniente general en la reserva Agustín Muñoz-Grandes Galilea (Sigüenza, 1935) llega visiblemente disgustado -"porque no hay nada más mezquino que perturbar el descanso de los muertos"- a la sede de la Real Hermandad de Veteranos de las Fuerzas Armadas y de la Guardia Civil, donde se celebra esta entrevista, por el ataque que acaba de recibir la tumba de su padre en el cementerio de Carabanchel. El padre que fue capitán general del Ejército y vicepresidente del Gobierno con Franco recibió todas las simpatías de Hitler en su cuartel general de la Guarida del lobo, pero también un trato cordial del general MacArthur y hasta de Eisenhower. El hijo vivió el 23-F en La Zarzuela junto al rey Juan Carlos, del que fue ayudante de campo, y ahora, jubilado y miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, no entiende que se encomienden al Ejército misiones de paz y se muestra rotundamente favorable a declarar la guerra al yihadismo radical que ejecuta sin el menor miramiento a sus rehenes.

-Señor Muñoz-Grandes, le encuentro preocupado, ¿le ocurre algo?

-Han destrozado la tumba de mi padre en Carabanchel. Han sido unos anarquistas que han pintado en su lápida la palabra nazi. No lo puedo entender. Atentar contra el lugar en el que descansa un muerto es lo más mezquino que se puede hacer. Mi padre no fue un nazi a las órdenes de Franco.

-De hecho su padre fue un estrecho colaborador de la II República...

-Por supuesto, para que España saliera adelante. Estuvo como jefe de seguridad en la Guardia de Asalto.

-¿Se pasó al bando nacional tras ser su madre y usted detenidos por los guardias de seguridad?

-A mi padre le pilló el alzamiento en Madrid y lo encarcelaron en la Modelo. Mi madre y yo, que tenía un año, estábamos en Sigüenza y ahí nos pilló la guerra. Nos quedamos en Sigüenza hasta que fue recuperada por las fuerzas nacionales. Después nos fuimos a Ariza, que era el pueblo de mi abuelo. Ahí estuvimos hasta que finalizó la guerra.

-¿Su padre se pasó entonces al bando nacional al salir de la cárcel?

-Sí. Estuvo en la Modelo unos ocho meses y parece que le ayudó a salir de ella el doctor Gómez Ulla, que había atendido a los heridos en el bando republicano y con quien había coincidido en las guerras de África. El doctor le curó seis balazos graves en la contienda africana y le ayudó a escapar de la cárcel. Mi padre huyó entonces a Valencia, se incorporó al bando nacional y Franco le asignó las brigadas navarras.

-Su padre llegó a lo más alto del franquismo.

-Llegó a capitán general, el primero desde Weyler, y ejerció como tal durante 16 años.

-También fue vicepresidente del Gobierno de Franco.

-Sí y jefe del Alto Estado Mayor.

-¿Es cierto que intentó ser, quizá alentado por los alemanes, presidente con Franco como un jefe del Estado decorativo?

-Eso no eran cosas de los alemanes, sino del propio Hitler. De todos es sabido que Franco y Hitler habían chocado en Hendaya. Hitler doraba la píldora a mi padre, con quien se llevaba mejor, pero mi padre era una persona leal a Franco. Hitler alentaba a mi padre para que sucediese a Franco pero nunca llegó a proponérselo.

-¿Por qué ese buen entendimiento entre Hitler y su padre?

-Por la gloria que se ganó la División Azul que lideró mi padre por encargo de Franco. Ese grupo de voluntarios españoles que partieron a ayudar al ejército alemán en su lucha contra el comunismo soviético recibió todo tipo de loas y fue fundamental para que España pudiese mantener su neutralidad durante la II Guerra Mundial. Lo que quiero dejar bien claro es que esos voluntarios fueron a luchar exclusivamente contra el comunismo bolchevique, porque ya se sabe que en aquella época el eslogan era Rusia es culpable.

-¿Rechaza entonces que se considere a la División Azul como un grupo de apoyo a los nazis y al Holocausto que cometieron?

-Niego la mayor porque es una auténtica falsedad. En España había en aquella época más germanófilos que aliadófilos. La División Azul estaba compuesta por 40.000 hombres, hubo 5.000 muertos y 20.000 bajas dentro de un ejército de voluntarios que hicieron gestas heroicas. Siento que no seamos tan patriotas como los norteamericanos y se hagan más películas sobre la heroicidad de esos hombres que fueron distinguidos por todo el mundo más que en su propia tierra.

-¿De verdad?

-Mi padre recibió de Hitler la Cruz de Hierro con Hojas de Roble por su valentía en el campo de batalla. Quince años después, Eisenhower le condecoró con la Medalla del Congreso de Estados Unidos y después, De Gaulle le nombró caballero de honor de la Legión Francesa. Más tarde, Adenauer le dio la Cruz al Mérito de la República Federal de Alemania. Todos estos reconocimientos echan por tierra la teoría del nazismo y muestran a un soldado que solo luchó por los ideales de España que pasaban por luchar contra el comunismo soviético.

-Jon Juaristi y usted tuvieron una discusión pública sobre este asunto. ¿Cómo se saldó?

-Al final, él me pidió disculpas porque contesté a cada una de sus acusaciones.

-¿Cómo le convenció?

-La División Azul tuvo un trato magnífico no solo con los judíos, sino también con los prisioneros rusos. Hoy en día aún se recuperan restos de divisionarios en la estepa rusa y se les guarda un gratísimo recuerdo. En el congreso mundial judío que se celebró en 1946 se hizo un reconocimiento a la ayuda prestada por esos voluntarios españoles durante la II Guerra Mundial. ¡Qué decir de la labor del embajador Sanz Briz en defensa de esos judíos!

-¿Qué recuerdos le ha dejado su padre de su encuentro con Hitler en la Guarida del lobo, su cuartel general?

-Mi padre acudió a la guarida a despedirse de Hitler. Ya he dicho que Hitler admiraba a la División Azul, un grupo de soldados voluntarios que al mes de llegar a la contienda pasó al frente por orden de mi padre, que no quiso esperar a los tres meses que había programado el régimen de Hitler. Hitler siempre decía que si veías a un soldado desarrapado, con la camisa abierta y botas sucias, había que cuadrarse ante él porque era un héroe; era? un soldado español. Hitler felicitó a mi padre por la bravura de la División Azul.

-¿Cómo encajó su padre la derrota de Alemania en la Segunda Guerra Mundial?

-Mi padre estuvo dos años al frente de la División Azul con una actuación muy heroica y victoriosa. Luego regresó a España y se quedó a las puertas de Leningrado el general Esteban-Infantes. El mayor error de Hitler fue no atacar a tiempo Moscú. Eso hizo que el ejército ruso se recuperase y además se envalentonase por su sentido patriótico. En la gran ofensiva que se produjo a las afueras de Leningrado cedieron las tropas alemanas, pero la División Azul resistió a pesar de registrar 2.000 muertos. Yo era muy pequeño, pero mi padre asumió la derrota alemana siendo muy consciente de que ello suponía una nueva etapa muy dura para España, que fue expulsada de todos los organismos occidentales. Hasta 1956, España no volvió a entrar en las Naciones Unidas.

-¿Cómo fue el encuentro que tuvo su padre con el general MacArthur en el hotel Waldorf Astoria de Nueva York?

-Mi padre y MacArthur se tenían simpatía y en aquella ocasión hablaron de soldado a soldado. MacArthur ya había sido defenestrado por la guerra de Corea. La verdad es que los norteamericanos trataron siempre muy bien a mi padre a pesar de ser vicepresidente de Franco.

-¿No le molestaba a Franco esa mano izquierda?

-Franco y mi padre tuvieron sus diferencias pero Franco siempre supo que mi padre era leal. Cuando cesó como ministro del Ejército sería porque hubo alguna discrepancia con Franco.

-El caso es que la estrella de su padre se apaga en torno al nombramiento de don Juan Carlos como sucesor de Franco a título de Rey, de quien usted acabaría siendo un estrecho colaborador, ¿verdad?

-Mi padre falleció en 1970. Seguía siendo jefe del Alto Estado Mayor. Franco había anunciado el 16 de julio de 1969 que dirigiría a las Cortes un discurso transcendente sobre la sucesión de la Jefatura del Estado. El príncipe Juan Carlos accedió a la oferta de Franco para nombrarle sucesor y seis días después, Juan Carlos fue proclamado sucesor a título de Rey, tras una votación de resultado rotundo a favor del proyecto. Creo que el periodo que va desde 1970 a 1975 es clave para entender nuestra Transición.

-¿Cómo fue su relación con el rey Juan Carlos?

-Fue una relación muy buena, de mucha compenetración. Estuve con él como ayudante de campo entre 1979 y 1982.

-¿Entendió su abdicación?

-Me llamó la atención porque nunca pensé que iba a dejar la papeleta de su hija Cristina ni la del problema del soberanismo catalán. Supongo que el Rey calibró sus fuerzas y se dio cuenta de que carecía de ellas para lidiar con estas cuestiones.

-¿Ingresó usted en el Ejército por vocación?

-Totalmente. Por vocación y por amor a España.

-Pues hay quien dice que entró en la academia militar antes de cumplir la edad reglamentaria por ser hijo de quien era.

-Eso es una chalanada. Entré a los 16 años, cuando hacía dos que se había rebajado la edad de ingreso. Dudé entre la Armada y la Infantería y al final me quedé en Infantería porque siempre he sido un romántico y me ha gustado mucho el contacto permanente con el soldado español.

-¿Qué conclusiones ha sacado de su doble experiencia de haber estado en La Zarzuela junto al Rey el 23-F y del papel jugado ese día por la División Acorazada Brunete que lideró en 1993?

-La disciplina y lealtad de la División Acorazada durante aquella jornada está fuera de toda duda.

-¿Le ha dado a usted el paso del tiempo una idea más clara de lo ocurrido el 23-F?

-Lo que tengo más que claro es que el Rey no tenía ni idea de lo que estaba pasando cuando supimos que el Congreso había sido tomado. Una vez que vimos que era Tejero el que estaba en el Hemiciclo dimos todos un suspiro de alivio.

-¿Por qué?

-Porque si era un militar el que estaba montando todo ese jaleo sabíamos que podríamos retomar la situación. Quiero además ensalzar la postura impecable de las Fuerzas Armadas durante aquella jornada. Lo que pasó durante el 23-F fue que un grupúsculo de militares hizo una tontería tras otra y engañándose unos a otros. Al final, todos los capitanes generales obedecieron al Rey.

-¿Se acordó de su padre en el trajín de aquel día y de cómo hubiera actuado él?

-Pues no. Tan solo pensé en cumplir con mi deber, estar al lado del Rey y sacar adelante los enlaces que me pedía, como el télex que se le envió a Miláns para que retirase el Estado de Guerra en Valencia.

-¿Cómo vivió usted la salida de los tanques a las calles de Valencia, ordenada por el general Miláns del Bosch, que también estuvo en la División Azul?

-Miláns creyó que el Rey iba a respaldarle porque sabía el ascendiente que tenía sobre él. Al final, cuando se dio cuenta de que le habían engañado retiró los tanques y siempre dijo que los había sacado a favor de la monarquía.

-¿Le quedó claro a usted el papel del general Armada en el golpe del 23-F?

-La verdad es que no. Me sorprendió su actitud y la de Miláns. Insisto en que el 23-F lo gestaron cuatro que se engañaron unos a otros.

-¿Cómo ve las Fuerzas Armadas de hoy respecto de las que había en 1981?

-Mire, lo que no entiendo es eso de las misiones de paz. Los soldados se preparan para la guerra, no para la paz. No se puede usar un falso pacifismo para hacer del Ejército una ONG. Eso no quiere decir que nuestras tropas no hayan destacado siempre por su generosidad y eso se ha visto desde nuestra integración en la OTAN.

-¿Cómo vivió usted la salida del Ejército del Sáhara?

-Abandonamos aquel territorio con el corazón dolorido. De eso hace ya más de 50 años y el conflicto sigue sin visos de solución y con unas víctimas, los que malviven en los campos de refugiados, que aún nos entristece enormemente. Poco podemos ahora reclamar a Marruecos para que arregle este conflicto cuando, junto a Argelia, hace de pantalla para evitar en lo posible el paso de yihadistas a Europa.

-¿Qué respuesta hay que dar al terrorismo yihadista?

-Al yihadismo hay que derrotarlo con las armas. Una victoria militar nunca asegura la paz, pero ante estos desalmados no podemos quedarnos de brazos cruzados. Veo a Occidente bloqueado y pasivo ante la barbarie de esta gente. España debe estar en la coalición internacional contra el terrorismo islámico.

-¿Quién acertó: Aznar al enviar tropas españolas a Irak o Zapatero al retirarlas nada más acceder al Gobierno de España?

-España no entró en la guerra en tiempos de Aznar, sino que dio su apoyo a Naciones Unidas cuando se le requirió. La verdad es que Estados Unidos gestionó muy mal esa victoria, pero retirar nuestras tropas sin avisar a la coalición no me pareció lo mejor.

-Sostiene usted que una defensiva permanente conduce a la derrota.

-Y es cierto. La guerra contra el yihadismo será difícil porque no es en campo abierto y pone en peligro a la sociedad civil. Luchar contra el yihadismo va a traer muertos, pero eso pasa en todas las guerras.

-Por cierto, ¿qué debemos hacer ante el conflicto de Rusia con Ucrania? ¿Habrá que enviar una nueva división española aunque no sea azul en este caso para parar a los rusos?

-Europa ha renunciado a ser actor principal de un mundo totalmente globalizado y depende de Estados Unidos. No podemos tolerar que Rusia se anexione Ucrania como ya hizo con Crimea.

-Veo que para usted sigue vigente el eslogan falangista lanzado por Serrano Suñer, enemigo de su padre, de Rusia es culpable

-Putin ha sabido manejar la vena patriótica de los rusos que se sentían doloridos tras finalizar la guerra fría y desmembrarse ese colchón de protección que tenía con sus países satélites. Europa dio por desmantelado el poder de Rusia y se equivocó. Rusia va a hacer todo lo posible por mantener cerca a los que piensa que son sus aliados.