13 de septiembre de 2017
13.09.2017

Aprietan pero no ahogan

13.09.2017 | 01:16
Aprietan pero no ahogan

Las últimas sanciones de la ONU contra Corea del Norte describen una trayectoria paralela a la del programa nuclear de Pyongyang. Castigos y pruebas atómicas se están convirtiendo en lo más parecido a dos imágenes especulares. Así, aunque el copipega siga deslizando en muchos textos que el pasado día 3 el régimen norcoreano hizo explotar una bomba de hidrógeno, las mediciones fiables permiten estimar que, con todo y ser su mayor ensayo hasta la fecha, se mantiene en el estricto ámbito de las bombas atómicas, con una energía desprendida equivalente al 10% de la bomba H más pequeña. De igual modo, aunque leerán, oirán y verán que la ONU busca la asfixia económica del régimen dinástico de los Kim, lo cierto es que, siendo notable el incremento de la presión, queda lejos del estrangulamiento que pedía EEUU.

La clave del paralelismo es la clonación del disparate. Si hasta el pasado enero, muchas cancillerías sólo temían que el espantajo con el que China hostiga a EEUU y sus aliados de Extremo Oriente se le escapase un día de las manos a Pekín, la llegada de Trump a la Casa Blanca ha geminado la inquietud. Las bravuconadas del magnate han elevado el tono de la disputa, dando una coartada perfecta a Pyongyang para acelerar su huida hacia adelante. De manera que el riesgo de incendio se ha disparado, pese a los cortafuegos militares instalados en la Casa Blanca (generales Kelly y McMaster) y en el Pentágono (general Mattis) para aguar el potencial ígneo de Trump.

Con esos gemelos de astracán en escena, Rusia y China, que necesitan al espantajo vivo pero controlado, no hallan dificultad mayor en moderar a EEUU sin recurrir al estéril poder del veto. Al fin y al cabo, con Trump en la Casa Blanca, una amplia mayoría de potencias confía más en el juego de Moscú y Pekín, razonablemente previsible, que en las iracundas sacudidas de Washington.

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