El presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, de 93 años, negociaba ayer su retirada con los militares que lo mantienen retenido desde el martes, lo que podría desencadenar el primer traspaso de poderes en el país desde su independencia, en 1980. Los militares se alzaron contra Mugabe, según sus propias declaraciones, para cercenar la creciente influencia del círculo de ministros próximos a la esposa del dirigente, Grace Mugabe.

El desencadenante de la intervención fue la destitución la semana pasada del vicepresidente, Emmerson Mnangagwa, supuestamente para que Grace Mugabe ocupe su puesto como antesala de hacerse con el poder.

Las informaciones sobre la situación eran anoche contradictorias. Mientras unas fuentes aseguraron que el destituido Mnangagwa volverá al país para encabezar un Gobierno transitorio de concentración, otras indicaban que Mugabe se quedará hasta las elecciones de 2018.

La debilidad de un Mugabe confinado en su residencia ha sido aprovechada por los principales líderes opositores, quienes coincidieron en exigir su dimisión y la apertura de un diálogo nacional en el que todas las partes colaboren para llevar a cabo un proceso de transición hacia una democracia plena.