El Partido marroquí Justicia y Desarrollo (PJD, islamista) ha tomado una de las decisiones más cruciales de su historia al prescindir en la dirección de su líder, Abdelilah Benkirán, quien no podrá presentarse a un tercer mandato al frente de la formación.

El partido, ganador de dos elecciones legislativas consecutivas (2011 y 2016) con Benkirán como cabeza de cartel, rechazó ayer una reforma de sus estatutos para permitir que Benkirán continúa. A él se oponía el "clan de los ministros", los dirigentes del partido que ocupan algunos de los 11 ministerios que el partido tiene asignados.

Lahcen Daudi, compañero de fatigas de Benkirán y ahora distanciado de él, dijo recientemente de modo despectivo: "Somos un partido, no una zagüiya" o cofradía, en referencia a las hermandades marroquíes dirigidas de forma vitalicia por un santón.

El PJD ha querido huir de las tentaciones personalistas a costa de hacerse el harakiri y jubilar al hombre que se convirtió en una potente máquina electoral aun cuando era pública su mala relación con el entorno del rey Mohamed VI. La huida del personalismo y el respeto a sus estatutos han pesado en la decisión, pero es un secreto que también lo ha hecho la voluntad de no indisponer al monarca.