05 de diciembre de 2017
05.12.2017

La frontera irlandesa impide a Juncker y May cerrar la primera fase del 'Brexit'

Los unionistas se oponen a dejar al Ulster en el mercado único, mientras Escocia, Gales y Londres exigen quedarse también

05.12.2017 | 02:46
May, recibida en Bruselas por el presidente de la UE, Donald Tusk.

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y la primera ministra británica, la conservadora Theresa May, no lograron ayer cerrar la primera fase del acuerdo sobre el Brexit, pese al intenso trabajo desarrollado por las dos partes en los últimos días. Juncker y May se reunieron durante cuatro horas en Bruselas con la intención de limar asperezas, pero la frontera con el Ulster demostró ser un escollo muy resistente.

"A pesar de todos los esfuerzos y los avances significativos que nosotros y nuestros equipos hemos hecho en los días pasados, hoy no ha sido posible lograr un acuerdo completo", reconoció Juncker en rueda de prensa junto a May, al término del encuentro. Juncker, que describió a la primera ministra como una negociadora "dura, nada fácil", confió, sin embargo, en que el pacto sea posible de aquí a dos semanas, cuando los jefes de Estado y de Gobierno de la UE deben decidir en su cumbre del 15 de diciembre si permiten el paso a la segunda fase de la negociación, que permitirá abordar el marco futuro de las relaciones.

"Se han hecho muchos progresos, está claro que queremos avanzar", añadió May, quien precisó que ya hay "entendimiento en muchas cuestiones", aunque persisten "un par de diferencias" y es necesario seguir hablando. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, que también se vio ayer con May en Bruselas, había revelado al término de la reunión que estaba preparado para presentar hoy, martes, un borrador de las directrices del bloque a 27 sobre el futuro. Sin embargo, poco después decidió aparcarlo.

Además de otras cuestiones menores, la cuestión irlandesa sigue siendo la clave del desacuerdo. Las partes habían, al parecer, pactado que, tras el Brexit se mantuvieran las reglas del mercado único y la unión aduanera en toda la isla de Irlanda, lo que evitaría tener que volver a instaurar controles fronterizos entre el Ulster y el reino de la isla.

Esta resurrección de la frontera interna no sólo causaría perjuicios económicos sino que dañaría los Acuerdos de Paz de Viernes Santo (1998), favorecidos por la total libertad de los irlandeses del norte y del sur para recorrer la isla. Sin embargo, de inmediato llegó la protesta de los unionistas del Ulster, cuya principal formación, el DUP sostiene al Gobierno de May en Londres. Su líder, Arlene Foster, exigió que la región abandone la UE en las mismas condiciones que el resto del país y aseguró que no admitirá "divergencias reguladoras" que comprometan "la integridad económica y constitucional del Reino Unido". De igual modo, Escocia, Gales y la ciudad de Londres reivindicaron gestos similares, que de concederse, limitarían el Brexit a Inglaterra.

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