29 de diciembre de 2017
29.12.2017
Ezzat Al Kamhawi Novelista y analista político de 'Al Masry Al Youm', el periódico independiente más leído en Egipto

"El Daesh es un producto americano y de los países del Golfo"

"La declaración de Trump unirá al mundo árabe que se siente atacado"

29.12.2017 | 01:32
Al Kamhawi, en un bar de El Cairo.

Al reconocer a Jerusalén como capital de Israel, el presidente norteamericano, Donald Trump, ha clavado un cuchillo en el violento avispero de Oriente Medio en un momento en el que los regímenes musulmanes de la región, divididos y enfrentados, dejan a su suerte a los palestinos, pero perjudicará también a Israel y unirá a un mundo que se siente atacado, advierte el novelista y periodista Ezzat Al Kamhawi (El Cairo, 1961), galardonado en 2012 con el premio Naguib Mahfuz de la Universidad norteamericana de la capital del país de los faraones, tras advertir que la tibieza de Arabia Saudí y Egipto con Trump convierte a Irán y, sobre todo, a su brazo armado Hezbolá, en líder moral de este conflicto en el que el Daesh, "un producto de Estados Unidos y las naciones del Golfo", no pinta nada, pues nunca ataca al pueblo hebreo. Relegado a un rincón de la redacción del Akhbar Al Adab por su actitud crítica hacia el Gobierno del mariscal Al-Sisi, Al Kamhawi vierte sus análisis políticos en Al Masry Al Youm, el diario egipcio más leído, llena de contenidos literarios su blog y prepara su séptima novela. "Se ha esfumado la posibilidad de que los palestinos tengan una nación propia", se queja en esta entrevista con Epipress celebrada en una cafetería de El Cairo en la que habla del papel de la mujer en las primaveras árabes, su especialidad como investigador, un experimento fracasado porque los jóvenes "no tenían líderes ni ideales". Mubarak mostraba en la televisión a mujeres tapadas por el burka para atemorizar a los laicos, pero los canales del Golfo emitían a las "pecadoras" liberales que no se cubrían, explica el escritor.

-Señor Al Kamhawi, ¿qué supone para Oriente Medio la declaración de Jerusalén como capital de Israel por parte del presidente norteamericano, Donald Trump?

-La declaración de Trump demuestra que el mundo árabe no ha hecho nada por encontrar una solución justa al conflicto palestino-israelí y da al traste con la posibilidad de hallar un arreglo. Está claro que musulmanes e israelíes no juegan en igualdad de condiciones en este espinoso asunto. Trump ha aprovechado la desunión de los regímenes musulmanes a los que daña con esa declaración sin darse cuenta de que también perjudica a Israel.

-¿Por qué perjudica a Israel?

-Porque humilla a los países musulmanes y eso se puede traducir en violencia. Las palabras de Trump servirán de alguna forma para unir al mundo árabe que se siente atacado.

-La cancillería egipcia ha criticado la decisión del presidente norteamericano, cuyas relaciones con el presidente egipcio son excelentes. ¿Cómo hay que interpretar esa aparente contradicción?

-No hay contradicción alguna. La crítica de la cancillería es tan sólo un discurso de cara al público musulmán, pero las relaciones entre los dos países no han cambiado, entre otras razones porque Egipto no está en el mejor momento para contradecir a Estados Unidos.

-Y ahora aparece Putin en escena y se reúne con el presidente egipcio, ¿con qué propósito?

-Putin, que ha sido junto a Irán un firme apoyo para el presidente de Siria, se presenta al mundo como un nuevo zar que quiere ampliar su poder, pero no le auguro mucho éxito a esta relación porque los vínculos de Egipto con Estados Unidos son demasiado fuertes como para cambiar de bando, al igual que los lazos de Arabia Saudí con los países de Occidente que le venden armas mientras financia a grupos rebeldes suníes, opuestos al Gobierno de Bashar al-Asad.

-¿Qué tiene que ver este golpe de efecto del presidente norteamericano con la delicada situación de su yerno Kushner, bajo la lupa del fiscal Mueller, y su estrecha relación con el nuevo hombre fuerte de Arabia Saudí, el príncipe Mohamed bin Salman, y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu?

-En Estados Unidos existe una insatisfacción muy grande con Trump y él utiliza su palabrería para desviar la atención de todos los frentes que tiene abiertos, como el de su yerno. Las relaciones que mantiene con Arabia Saudí demuestran que a los saudíes les importan poco los palestinos que ven con indignación cómo Israel lleva desde los Acuerdos de Oslo de 1993 esforzándose por crear un Estado judaico en Palestina.

-Trump llegó a decir al poco de tomar posesión que si su yerno no arregla el conflicto israelo-palestino no lo arregla nadie.

-Trump es un ignorante y esa declaración es ridícula si además se tiene en cuenta que su propuesta de arreglar el conflicto es absolutamente injusta y los palestinos no van a renunciar a que su capital esté en Jerusalén del Este.

-¿Estamos entonces ante un adiós definitivo a los alentadores acuerdos de Oslo sobre el futuro de Oriente Medio?

-Por supuesto. Israel ha vaciado de contenido esos acuerdos con el apoyo de Trump, que ha dinamitado cualquier tipo de esperanza.

-¿Ya no ve entonces posibilidades de que Palestina tenga un Estado propio?

-Ninguna. Los israelíes han llenado el territorio de asentamientos que separan a los palestinos.

-¿No queda nada, pues, de la propuesta del escritor palestino nacido en Jerusalén Edward Said de un Estado binacional?

-No queda nada. Y no hay que olvidar que cuando Said hizo esa propuesta, los países musulmanes la rechazaron.

-¿Qué papel juega en este tablero la rivalidad entre Arabia Saudí e Irán?

-Arabia Saudí siempre se queja de la expansión chiíta en el mundo musulmán y teme que Irán pueda influir en la minoría chiíta de la propia Arabia Saudí y en las de Bahrein, Irak, Siria y Líbano. Todos temen que Irán exporte su revolución chiíta radical por la región. De lo que no se dan cuenta es de que ante la pasividad tras las palabras de Trump están dando el liderazgo moral a Irán, que apoya enérgicamente la causa palestina, y, sobre todo, a Hezbolá.

-Que no deja de ser un grupo terrorista.

-Exacto, pero los chiítas de Hezbolá tienen una autoridad moral muy fuerte desde 2006, cuando se enfrentaron al Ejército israelí en la Guerra del Líbano.

-¿Qué hace el Estado Islámico o Daesh en este conflicto?

-No juega ningún papel. El Daesh es un producto americano y de los países del Golfo que no tiene ninguna opinión en este asunto. De hecho, nunca se ha visto al Daesh atacar a Israel.

-¿Es la rivalidad de Arabia Saudí con Irán un problema de origen religioso entre los suníes sauditas y los chiítas iraníes?

-En absoluto. Es un conflicto político, no religioso. Es cierto que ambos países se ven a sí mismos como los adalides de dos diferentes versiones del islam. Pero son sobre todo los dos países más influyentes de la región y tienen las fuerzas armadas más poderosas. Los dos compiten por influir en sus vecinos.

-¿Qué pinta Europa en este maremágnum del mundo árabe?

-Europa se ha lavado las manos y delega en Estados Unidos todo lo relacionado con el conflicto de Oriente Medio y las primaveras árabes, cuando debería ser la primera interesada en la estabilidad de la región. Los refugiados no se van a Estados Unidos ni a Rusia, se van a Europa.

-¿Por qué fracasaron las primaveras árabes?

-Porque eran movimientos de jóvenes ansiosos por cambiar el mundo pero que se movieron en las redes sociales sin líderes ni ideas. Las primaveras árabes representaban la rabia de la individualidad. Además Arabia Saudí gastó millones de dólares para que estos movimientos fracasaran, sobre todo, en Egipto y Túnez. La financiación de los países del Golfo para acabar con la primavera árabe de Siria desembocó en una guerra civil.

-Señor Al Kamhawi, ¿cómo se han tomado los egipcios la venta a Arabia Saudí de dos islas en el Mar Rojo?

-Los partidos de la oposición tratan de revocar esa venta, que no es más que un regalo a Israel. Arabia Saudí no necesita dos islas deshabitadas que son por su situación geográfica, en el golfo de Aqaba, estratégicas para Egipto. El Cairo cerró el estrecho que le une con Israel tras la guerra de 1967 y ahora entrega esas islas que bloqueaban precisamente el paso al puerto israelí de Eliat y al jordano de Aqaba.

-¿Cómo está el periodismo hoy en día en Egipto?

-Lamentable. La libertad de prensa sufre los mismos rigores que el resto de libertades. A mí no me dejan escribir en mi periódico, donde no hago nada porque temen que me meta con el Gobierno. Me centro en mi blog literario y colaboro con otro diario independiente.

-¿Desde cuándo no le dejan escribir?

-Desde que llegó Al-Sisi al poder. Con Mubarak podía escribir. Con los Hermanos Musulmanes pude trabajar porque no les dio tiempo para poder vetarme. Lo habrían hecho sin lugar a dudas porque son una secta peligrosa.

-Parece que echa de menos a Mubarak.

-En absoluto. Administraba la injusticia con habilidad porque aunque no tenía talento contaba con un equipo plural y daba algún que otro respiro. El Gobierno de ahora está formado por gente de tercera categoría.

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