El presidente brasileño, Michel Temer, ordenó ayer que las fuerzas armadas se hagan cargo de la seguridad en el violento estado de Río de Janeiro. En 2017 hubo más de 18 homicidios diarios en ese estado, el segundo más rico del país latinoamericano.

La medida, que regirá hasta finales de diciembre, cuando concluya la presidencia de Temer, supone que las fuerzas armadas asuman el control de todas las operaciones de seguridad, comanden los distintos cuerpos policiales y dirijan el sistema carcelario.

La intervención federal en el área de seguridad de Río es una medida inédita desde la restauración de la democracia en 1985 pero que, según Temer, se justifica por el descontrol imperante en el estado.

"El crimen organizado casi tomó el control" de Río y se ha convertido en "una metástasis que se propaga por el país y amenaza la tranquilidad de nuestro pueblo", advirtió el mandatario tras firmar en Brasilia el decreto, de inmediato en vigor aunque debe ser convalidado por el Legislativo.

La intervención militar no está exenta de cálculos políticos en momentos en los que Temer, sucesor de la destituida Dilma Rousseff, bate récords de impopularidad.