14 de marzo de 2018
14.03.2018

El "ruso" inútil que llamó imbécil a Trump

14.03.2018 | 01:22
El "ruso" inútil que llamó imbécil a Trump

Que la caída del petrolero Tillerson era inevitable estaba cantado desde que allá por octubre pasado soltó en una reunión que Trump es "un puto imbécil". La única incógnita radicaba en la fecha de su subida al cadalso. No era tan del dominio público, sin embargo, que su sucesor sería el director de la CIA, Mike Pompeo. Ahora bien, quienes lean Fuego y furia, la mejor biblia hasta el momento para entender la Casa Blanca del magnate, encontrarán en ella la explicación de los orígenes de la jugada.

Cuando en octubre el cuerpo del secretario de Estado empezó a exhalar cadaverina, la embajadora ante la ONU, Nikki Haley -"más ambiciosa que Lucifer", según sus enemigos-, vio llegado su momento. Haley, una republicana tradicional alejada del Tea Party o la alt-right de Bannon, llevaba meses haciéndole la corte a Ivanka y pasaba horas en las inmediaciones del Presidente. Así que la camarilla familiar de Trump no tuvo dificultad en decretar que Haley sucedería a Tillerson.

El olor a azufre centrista de Haley invadió el Ala Oeste, donde el ideólogo Bannon, expulsado de la administración en agosto, tenía un poderoso retén de guardia empeñado en hacer una revolución trumpiana a pesar de la incapacidad de Trump. Los bannonistas movieron todos sus resortes e impusieron a Pompeo, un depurado producto del Tea Party.

Así lo escribió, seguramente a principios de noviembre, el autor de Fuego y furia.

La única incógnita radicaba entonces en la fecha de subida al empíreo de Pompeo.

En realidad, Tillerson había nacido muerto porque, carente de toda experiencia política, su única baza eran los negocios que la petrolera Exxon hizo de su mano en Rusia y su supuesta relación con Putin, plasmada en una Medalla de la Amistad. Pero para cuando quiso tomar posesión del Departamento, las investigaciones de la trama rusa estaban ya tan avanzadas que ser "ruso" no era sino un lastre.

De modo que lo único relevante de la muerte de Tillerson es comprobar que, meses después de abortar la operación Haley, los bannonistas siguen gozando de gran poder en la Casa Blanca. El suficiente para que haya triunfado su vieja apuesta por Pompeo.

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