09 de mayo de 2018
09.05.2018

La utilidad de las mentiras

09.05.2018 | 01:47
La utilidad de las mentiras

Entre seis y siete vienen a ser las mentiras que nos coloca Trump al día. Algo más de 3.000 desde el inicio de su mandato, denuncia The Washington Post, una cifra que sin duda le coloca por encima de ilustres embusteros que le precedieron, como Nixon o Reagan. Semejante volumen de falsedades inquieta cuando se piensa, por ejemplo, que algunas se usan para justificar decisiones arriesgadas como la adoptada ayer de abandonar el tratado nuclear con Irán. Otros muchos son, sin embargo, meras idioteces.

En cualquier caso, el récord no extrañará a nadie que haya leído algún apunte biográfico sobre el magnate. Trump es un fanfarrón que a la compulsión de mentir une la convicción de que a los rivales políticos, estadounidenses o extranjeros, conviene despistarlos con mensajes contradictorios. Añádase que, a través de sus tuits, es con toda probabilidad el mandatario que más opiniones y ocurrencias expone a diario y se comprenderá por qué se ha convertido no sólo en el adalid de la mentira sino en el símbolo quintaesenciado del magma de fraudes informativos que, so disfraz de hechos alternativos o posverdad, bulle de modo acelerado y creciente en el pantano de las redes sociales.

Claro que, bien mirado, no sólo los ciudadanos deberían inquietarse. También el propio Trump. Nixon no cayó por el Watergate sino por mentir, y Clinton tuvo que redefinir el concepto de sexo para no ser destituido por mentir. A decir verdad, parece que el propio magnate ha venteado el riesgo y empieza a corregir patrañas -de momento sólo sexuales- con oportunas intervenciones de su nuevo abogado, el neoyorquino Giuliani, que hay quien toma por deslices. Con todo, mientras pueda seguir cabalgando a lomos de la mentira, Trump seguirá sacándole, como a toda su peculiar personalidad, un rédito impagable: que muchos días se hable bastante más de él que de sus políticas.

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