La toma de posesión del Gobierno italiano de coalición entre el Movimiento 5 Estrellas (M5S) y la Liga, presidido por el jurista Giuseppe Conte, próximo al M5S, puso ayer fin, por el momento, a la crisis política abierta en el país tras las elecciones del pasado 4 de marzo. El Ejecutivo, que amalgama el populismo de izquierda del M5S y el ultranacionalismo de la Liga, cuenta con dos vicepresidentes, sus auténticos hombres fuertes: el líder "grillino" Luigi Di Maio, de 31 años, que se encargará de Trabajo y Desarrollo, y el liguista Matteo Salvini, de 45 años, responsable de la cartera de Interior.

Precisamente, fue Salvini el encargado de hacer el primer anuncio atronador del nuevo Gobierno, nacido después de que la Liga aceptase desplazar al polémico euroescéptico Paolo Savona desde Economía, donde lo había vetado el presidente Mattarella, a Asuntos Europeos. Salvini dejó claro, poco antes de tomar posesión, que "mandar a casa" a los inmigrantes será su "prioridad", ya que "habrá puertas abiertas en Italia para la gente buena, pero un billete de vuelta para quienes vienen a armar jaleo y quieren ser mantenidos de por vida". Salvini estimó en campaña en unos 500.000 los inmigrantes que deben ser expulsados.

En la misma intervención, en un acto político en la localidad lombarda de Sondrio (norte del país), Salvini, muy aplaudido, defendió que los niños "tienen una mamá y un papá y no un progenitor 1 y un progenitor 2" e invitó a sus seguidores a sentir "orgullo y dignidad" de ser italianos.

La Bolsa de Milán recibió muy positivamente la creación del nuevo Gobierno, cerrando la jornada con una subida del 1,5% mientras que la prima de riesgo italiana cayó por tercer día consecutivo. Anoche se cifraba en 229 puntos, seis menos que el pasado jueves y treinta menos que en la sesión del miércoles.

El Ejecutivo formado por Conte y 18 ministros solamente incluye cinco mujeres y se compone de nueve miembros del M5S, seis de la Liga y tres técnicos, cuatro si se incluye al presidente del Consejo. El Gobierno alemán aseguró ayer que tendrá una "actitud abierta" hacia el Ejecutivo italiano, a pesar de las voces críticas que advierten sobre los riesgos para Italia de un gabinete "antiausteridad" que propugna combinar costosas políticas sociales con rebajas fiscales. Una mezcla que conducirá, se teme, a un abultado déficit público que algunos expertos han cifrado en aproximadamente 100.000 millones de euros y que se sumará a la enorme deuda pública que ya arrastra Italia, equivalente a la cuarta parte de la de toda la eurozona.