12 de junio de 2018
12.06.2018

La hora de Trump y Kim

La cumbre de hoy en Singapur carece de precedentes pero, en el mejor de los casos, sólo será el inicio de una larga negociación

12.06.2018 | 01:44
Kim Jong-un, ayer, durante una visita turística por Singapur.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el líder supremo de Corea del Norte, Kim Jong-un, se reunirán hoy en Singapur en una cumbre sin precedentes pero magnificada por la poderosa maquinaria de propaganda estadounidense.

En efecto, jamás desde la guerra de Corea (1950-1953) -que, en ausencia de un tratado de paz, técnicamente no ha concluido- se habían reunido los máximos dirigentes de ambos países. Hoy lo harán durante una o dos horas, cuando aún corra la madrugada en España, rodeados de la máxima expectación, ya que la personalidad de Trump es conocida por su volatilidad y de la de Kim apenas se sabe nada. Hacia mediodía Trump habrá dejado Singapur.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, que ayer encabezó la delegación estadounidense encargada de dar los últimos toques a la reunión, se encargó de situar las expectativas en su justo punto.

Tras declararse "muy optimista", Mike Pompeo precisó que las "conversaciones establecerán un marco para el difícil trabajo que vendrá después", en las negociaciones nucleares en sí. Donald Trump, que ha alardeado de no necesitar estudiarse dosieres para saber si Kim Jong-un tiene intenciones reales de negociar la desnuclearización de la península coreana, ya ha advertido que si tiene la impresión de que el líder de Pyongyang no es "honrado", se levantará de la reunión.

Un aviso que todo el mundo se toma en serio después de que el pasado fin de semana el magnate retirara, con un simple tuit, su firma de la declaración de la cumbre del G-7 que había pactado poco antes con sus pares.

El secretario de Estado norteamericano fue claro: el único resultado que aceptará Estados Unidos será "la desnuclearización completa, verificable e irreversible" de Corea. A cambio, añadió, Estados Unidos está dispuesto a "ofrecer garantías de seguridad diferentes, únicas respecto a lo ofrecido en el pasado, que darán (a Corea) certeza suficiente de que pueden estar cómodos sabiendo que la desnuclearización no acaba mal para ellos".

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