07 de julio de 2018
07.07.2018

May se encierra con sus ministros hasta consensuar una postura común sobre el 'Brexit'

Barnier advierte al Reino Unido de que Bruselas no va a desmantelar su mercado y normas comunes solo por la salida de un Estado miembro

07.07.2018 | 01:22
Agentes de policía controlando la entrada a la residencia de May.

La primera ministra británica Theresa May, se encerró ayer en su residencia de campo en Chequers con los ministros de su Gobierno a fin de alcanzar, de una vez por todas, una postura común sobre la futura relación del Reino Unido con la Unión Europea. Los miembros del Ejecutivo británico tuvieron que entregar sus teléfonos móviles a la entrada de la mansión, situada a unos 65 kilómetros de Londres, ante la importancia de alcanzar un acuerdo.

A escasos nueve meses de la fecha oficial del Brexit, previsto para marzo de 2019, el Ejecutivo británico sigue dividido en dos facciones irreconciliables que abogan por dos formas distintas de abandonar la UE. Por un lado se encuentran los partidarios de la línea dura frente a Bruselas, que apuestan por una solución que denominan "de máxima facilitación". Esta vía incluye el restablecimiento de los controles aduaneros entre el Reino Unido y la UE, apostando por soluciones tecnológicas todavía inexistentes o nunca antes puestas en práctica para minimizar la necesidad de controles fronterizos físicos y mantener la fluidez en las fronteras y puertos británicos. Entre sus partidarios están el ministro de Relaciones Exteriores, Boris Johnson, y el ministro del Brexit, David Davis.

Frente a ellos se encuentran los partidarios de una solución más "blanda", como es el caso de los ministros de finanzas, Philip Hammond, y de Industria, Greg Clark. Esta solución consistiría en una nueva e inédita asociación aduanera: el Reino Unido recaudaría aranceles en nombre de la Unión sobre aquellos bienes llegados a sus puertos pero destinados al mercado comunitario, evitando así controles en la frontera británico-europea.

Theresa May, por su parte, ideó recientemente una tercera opción para resolver esta división; un plan denominado "acuerdo de aduanas facilitadas", que combinaría el comercio libre con la UE con la posibilidad para el Reino Unido de fijar sus propios aranceles. Pero este plan, que persigue la creación de un área de libre comercio que resolvería además el escabroso asunto de la frontera terrestre con Irlanda, implicaría que la Cámara de los Comunes renunciase a establecer una normativa arancelaria propia y se limitase a copiar la europea, pero sin participar en su elaboración. Una porpuesta que los partidarios de del Brexit duro difícilmente podrán aceptar.

Por otra parte, el negociador jefe de la Unión Europea para el Brexit, Michel Barnier, advirtió ayer al Gobierno británico que "no habrá daños al mercado único" ni un "desmantelamiento" de las normas comunes de la Unión sólo por la salida de un Estado miembro. Durante un evento en la Embajada irlandesa ante la UE, en Bruselas, Barnier pidió "desdramatizar" la solución europea para la frontera irlandesa, asegurando que los controles que proponen serán únicamente "controles técnicos de bienes".

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