05 de noviembre de 2018
05.11.2018

Iberoamérica gira a la derecha

Brasil se suma a los gobiernos conservadores surgidos en los últimos años en Argentina, Colombia, Chile, Perú, Honduras y Paraguay - La excepción es México, con nuevo presidente de centroizquierda

05.11.2018 | 00:42

No por menos augurado el terremoto ha sido menor. La victoria del ultraderechista Jair Bolsonaro en la segunda vuelta de las elecciones brasileñas del pasado domingo certifica que Iberoamérica ha dado un giro radical hacia la derecha. La izquierda, hegemónica en la región hace una década, pierde ahora el poder en la mayor economía de América del Sur ante un proyecto en las antípodas del que inició el histórico sindicalista Lula da Silva en 2002. La victoria de Bolsonaro confirma, por otra parte, que aquello que los politólogos llaman "nueva oleada conservadora" a nivel mundial ha llegado para quedarse.

Panamá, Guatemala, Argentina, Haití, Honduras, Chile, Perú, Costa Rica, Paraguay y Brasil han pasado de tener un presidente de izquierdas a uno de derechas en los últimos diez años. Las únicas excepciones son las del izquierdista Andrés Manuel López Obrador, que ganó el pasado julio en México y la de Salvador Sánchez Ceren, elegido presidente de El Salvador en 2014.

Hace exactamente once años, en noviembre de 2007 y en pleno auge de la izquierda en la región, la Cumbre Iberoamericana de Santiago reunió a líderes emblemáticos como Lula da Silva (Brasil), Hugo Chávez (Venezuela), Evo Morales (Bolivia), Cristina Fernández (Argentina), Michelle Bachelet (Chile), Rafael Correa (Ecuador), Alan García (Perú), Tabaré Vazquez (Uruguay), José Manuel Zelaya (Honduras) y Daniel Ortega (Nicaragua). A la cita faltó Fidel Castro (Cuba) y el único que contrastó fue el colombiano Álvaro Uribe.


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Las cosas empezaron a cambiar para la izquierda iberoamericana el 28 de junio de 2009, concretamente en Honduras, donde el presidente Zelaya fue destituido en un golpe de Estado. Hubo que esperar varios años más para que este giro regional hacia la derecha cogiera fuerza en noviembre de 2015 con la victoria de Mauricio Macri en Argentina frente a la presidenta Cristina Fernández. Dos años después, en febrero de 2017 los ecuatorianos eligieron presidente a Lenín Moreno, que, pese a ser ahijado de Rafael Correa, se distanció de las políticas del izquierdista, con quien rompió, se alió a la derecha y hasta se aproximó a Estados Unidos.

Después fue el turno de Chile, en noviembre de 2017, donde el conservador Sebastián Piñera puso fin al liderazgo de Michelle Bachelet. En febrero de 2018 Costa Rica optó por el oficialista Carlos Alvarado y Honduras por el conservador Juan Orlando Hernández.

El igualmente conservador Mario Abdo Benítez, hijo del secretario particular del dictador Alfredo Stroessner, asumió la presidencia de Paraguay el pasado abril y el colombiano Iván Duque, apadrinado por el derechista Álvaro Uribe, asumió en agosto la jefatura de Estado en el segundo país más poblado de Sudamérica tras imponerse en segunda vuelta al izquierdista Gustavo Petro.

Perú es gobernado desde marzo por Martín Vizcarra, un político independiente de ideas conservadoras y que fue escogido para concluir el mandato del empresario liberal Pedro Pablo Kuczynski, destituido por un escándalo de corrupción.

No hay una única causa que explique semejante viraje regional, sin embargo, tiene algunos puntos en común con lo que se está produciendo en otros lugares, como Estados Unidos o Europa. Esta ola conservadora ha llegado a América del Sur a caballo de los efectos de la crisis económica de 2008, la más grave desde el gran crack de 1929. Esta crisis ha provocado a lo largo de los últimos años la caída de los precios de las materias primas, principal baluarte de exportación de estos países.

Si a los problemas económicos se suma la corrupción que ha sacudido a varios gobernantes de izquierda, el resultado es la pérdida de apoyo electoral. Con la crisis se erosionó el apoyo que tuvieron los gobiernos de izquierda durante los años de bonanza económica. Apenas quedan tres países que mantienen lo que el desaparecido mandatario Hugo Chávez dio en llamar "socialismo del siglo XXI": Cuba, Venezuela y Nicaragua, muy cuestionados en lo que se refiere la libertad de expresión y el respeto a los derechos humanos. Ahora, Iberoamérica entra en una nueva fase.

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