29 de noviembre de 2018
29.11.2018
La Opinión de A Coruña

Naranja, Maidán, Crimea, Donbass

La actual crisis entre Moscú y Kiev es el último capítulo de un conflicto que se remonta a las protestas populares de 2004

29.11.2018 | 01:45

La crisis entre Rusia y Ucrania que tiene en vilo al mundo desde el pasado domingo es el último eslabón de un conflicto que se remonta a las protestas populares de la Revolución Naranja y que se enmarca en los intentos occidentales de extender su influencia a espacios exsoviéticos y en la resistencia de Moscú a permitirlo.

Revolución Naranja (RN). Es la revuelta popular que se extiende de noviembre de 2004 a enero de 2005. Las presidenciales del 21 de noviembre, vistas como un test para la democratización del país, se saldaron con la victoria del candidato prorruso Viktor Yanukovich, sobre el nacionalista proeuropeo Viktor Yushchenko. La derrota de este, denunciada como fraude electoral, desencadenó las protestas, alentadas por Estados Unidos -EEUU- y la Unión Europea -UE-. En enero se celebraron nuevas elecciones, ganadas por Yushchenko, envenenado con dioxina en la campaña de noviembre. Yanukovich se haría con la Presidencia en los comicios de 2010.

Asociación con la UE. Ya bajo la presidencia de Yanukovich, se concluyeron -marzo de 2012- las negociaciones para la asociación de Ucrania a la UE, iniciadas en el mandato de Yushchenko. Sin embargo, su entrada en vigor fue dificultada tanto por la Unión Europea como por Rusia. La UE exigió reformas democráticas y la puesta en libertad de la ex primera ministra y líder opositora Yulia Timoshenko, encarcelada en 2011. Rusia presionó, por su parte, para que Ucrania se integrase en la Unión Aduanera que tiene con Bielorrusia y Kazajistán. La ratificación del acuerdo estaba prevista para noviembre de 2013, pero la presión rusa logró que Yanukovich, que había intentado jugar a dos bandas, la suspendiese, enterrando los rescoldos de la Revolución Naranja.


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Euromaidán. La congelación del acuerdo desencadenó las mayores protestas nacionalistas desde la Revolución Naranja, la revuelta del Euromaidán, que adquirió creciente virulencia, se cobró un centenar de muertos y desembocó, en febrero, en la huida de Yanukovich y la toma del poder por los nacionalistas. En marzo se firmó la Asociación con la UE.

Crimea. Cuatro días después de la huida de Yanukovich, Putin acomete la anexión relámpago de la península de Crimea, cedida por la URSS a Ucrania en 1954, donde se encuentra Sebastopol, principal base de la flota rusa del mar Negro, que Ucrania venía arrendando a Rusia desde la extinción de la URSS. La anexión se consuma sin disparar un tiro y será respondida por EEUU y la UE con sanciones a Rusia y un deterioro de relaciones que sigue hasta hoy.

Donbass. Al anexionarse Crimea, Vladimir Putin promete que no se apropiará de los territorios rusófilos del este y sur de Ucrania. Sin embargo, desde principios de marzo de 2014 se suceden allí manifestaciones prorrusas contrarias a las nuevas autoridades de Kiev. En abril desembocan en una insurrección de milicias dirigidas por Rusia y en la proclamación de la independencia de las regiones de Donetsk y Lugansk, conocidas en conjunto como Donbass. Se inicia así una guerra, que costará más de 10.000 vidas y que solo perderá intensidad a lo largo del año 2015 al ir calando la aplicación del denominado Acuerdo de Minsk II, patrocinado por Rusia, Ucrania, Francia y Alemania. Una de las consecuencias del conflicto, en julio de 2014, fue el derribo de un avión de Malaysia Airlines -298 muertos-, que fue alcanzado por un misil disparado por una brigada rusa en condiciones todavía no esclarecidas. La guerra, con incidentes aislados, ha permanecido en estado latente hasta ahora y se teme que la actual crisis la resucite.

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