13 de enero de 2019
13.01.2019

Jaque de López Obrador a los ladrones de gasolina

13.01.2019 | 01:16

En los últimos años, tras la liberalización del precio del combustible aprobada por Peña Nieto, el robo de gasolina se ha convertido en México en una de las actividades más lucrativas de las bandas de crimen organizado. Además de particulares y grupos industriales, muchas gasolineras completan sus existencias con combustibles comprados en el mercado negro para ofrecer precios más competitivos a los clientes. Los grandes cárteles del narcotráfico, especialmente los Zetas, el cártel de Jalisco Nueva Generación y el cártel del Golfo, controlan el 90% de este contrabando y lo han convertido en una importante fuente de ingresos. Pero además de ellos hay que añadir la proliferación de bandas locales de ladrones de gasolina, los así llamados "huachicoleros ", que utilizan altos niveles de violencia para alcanzar sus objetivos. En un país donde el salario mínimo es de unos 120 dólares mensuales, los "huachicoleros" fácilmente ingresan cinco veces esa cifra.

Para entender lo que está sucediendo es importante saber que la distribución de hidrocarburos se realiza fundamentalmente a través de los 17.000 km de oleoductos que tiene la compañía paraestatal Petróleos Mexicanos desde las refinerías a puntos terminales. La distribución por camiones cisterna, pipas de combustible, es secundaria.

El primer robo de combustible fue detectado en los oleoductos de la petrolera en el año 2000, en el que se produjeron 15 perforaciones u ordeñas. En 2017 se contabilizaron más de 10.363 y hasta octubre de 2018 ya se habían superado las 12.500. Pero no sólo se perforan ductos, también se sospecha de importantes hurtos dentro de las propias refinerías y a través de los camiones cisterna. En 2018 las pérdidas para la compañía supusieron, según el presidente López Obrador, unos 3.000 millones de dólares.

En el centro del país se encuentra el conocido Triángulo Rojo. Así se denomina a una zona de seis municipios del estado de Puebla donde circula el 40% del combustible que abastece a Ciudad de México y se distribuye al resto del país. Es precisamente allí donde los "huachicoleros " más actúan. El pasado 22 de mayo, sin ir más lejos, en San Matías de Tlalancaleta se produjo una fuga de combustible tras la perforación de un ducto. Decenas de personas se dedicaron a recolectarlo bajo la mirada impasible de soldados y Policía estatal, que decidió no intervenir para evitar males mayores. Esa zona se ha convertido en una verdadera bomba de relojería debido a las continuas explosiones por las ordeñas y la violencia asociada a esta actividad. Aparte de Puebla también hay importantes sustracciones en los estados de Guanajuato, Tamaulipas, Veracruz o estado de México. En todos los estados donde hay refinería hay robo a gran escala.

Esta actividad se ha visto también favorecida por una legislación laxa que ha hecho que menos del 1% de las más de 1.600 personas detenidas hayan acabado en prisión. Asimismo, se tiene la sospecha de cierta connivencia de personal de la compañía y de funcionarios públicos.

Tras la toma de posesión de López Obrador el pasado 1 de diciembre la lucha contra esta situación pasa a ser cuestión nacional. Para México es fundamental la estabilidad financiera de sus hidrocarburos y con esa justificación el 27 de diciembre se anuncia una nueva estrategia de combate. Por un lado se toma el control de los procesos en el interior de la petrolera modificando el suministro: se cierran ductos y se opta por el transporte en camiones cisterna. Y por otro lado se despliega a 4.000 efectivos del Ejército en tareas de apoyo para monitorear los camiones y controlar las refinerías. Se sospecha que la mayor parte de la gasolina robada se sustrae dentro de las propias refinerías. En este sentido, el lunes pasado en la refinería de Salamanca, Guanajuato, los militares encontraron una manguera de tres kilómetros de largo conectada a unos tanques cuya gasolina se almacenaba fuera de la refinería. Ya han sido detenidas varias personas por la Procuraduría General cuyos nombres no han trascendido.

Pero el cierre de válvulas de los oleoductos de Pemex está produciendo importantes problemas de abastecimiento en algunos puntos del país. El traslado de combustible por carretera es más lento y está habiendo falta de previsión sobre la demanda. Las largas colas en las gasolineras se repiten desde principios de año y cientos de ellas han tenido que cerrar. Aumentan las riñas entre clientes desesperados y donde aún hay gasolina la psicosis empeora el panorama. Frente a esta situación, López Obrador hace llamamientos a la tranquilidad y asegura que la gasolina llegará y "los ductos, tras ser reparados, se irán abriendo con cuidado".

Las críticas a la estrategia del presidente por la falta de previsión en el suministro van en aumento y los gobernadores de los estados más afectados piden al presidente que reabra las válvulas de inmediato. Pero parece que López Obrador está decidido a combatir hasta el final este expolio a gran escala y no tiene intención de cambiar su estrategia. De momento las sustracciones parecen haberse reducido. Está por ver si será capaz de mantener el pulso.

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