El mariscal Jalifa Hafter, hombre fuerte de Libia, intensificó ayer su ofensiva militar sobre Trípoli con bombardeos que causaron un número indeterminado de víctimas en los barrios del sur y amenazan con desencadenar un baño de sangre en la capital. La virulencia de los ataques, concentrados en torno al antiguo aeropuerto internacional de la capital, empujó a Naciones Unidas a solicitar un alto el fuego para evacuar a heridos.

Hafter aseguró al secretario general de la ONU, Antonio Guterres, de visita oficial en Bengasi, que no detendría la operación que lanzó el jueves cuando el propio Guterres estaba en la capital. Los combates comenzaron ayer poco antes del amanecer, con las milicias fieles al gobierno, impuesto por la ONU en Trípoli en 2016, tratando de evitar el avance de las tropas orientales a través de Wadi Raba, una zona agrícola en el sureste del país.