Un pacto con la oposición laborista es la única opción como alternativa a un Brexit duro, descartado por el Parlamento. La primera ministra británica, Theresa May, defiende ahora esa salida frente a las críticas internas de quienes desde su propio entorno político consideran que plegarse a las exigencias de la formación que lidera Jeremy Corbyn supone prolongar el vínculo con la UE.

El sector euroescéptico del Partido Conservador presiona a la jefa de Gobierno para que no acepte las demandas del Partido Laborista, que quiere forjar una unión aduanera con el resto de países comunitarios tras la ruptura. Para los tories más urgidos de formalizar la ruptura, esa posibilidad limitaría la capacidad del Reino Unido de forjar acuerdos comerciales con terceros países, como Estados Unidos, tras su salida del bloque europeo. La líder de los conservadores en la Cámara de los Comunes, Andrea Leadsom, que encuadrada en ese sector crítico, aseguró que el Ejecutivo está dispuesto a dialogar sobre diversos "arreglos" comerciales con la Unión Europea. Sin embargo, preguntada sobre la posibilidad de aceptar una unión aduanera formal, Leadsom lo pone en duda. "Mi expectativa es que la primera ministra solo busque un acuerdo en aquellos términos que todavía se podrían considerar como un Brexit, afirma.

El conservador Jacob Rees-Mogg, por su parte, insistió en que el Reino Unido trataría de ser "el miembro (de la UE) más problemático posible" en caso de que permanezca en el club europeo durante un año más, tal como ahora sopesa Bruselas, como contraoferta a la petición de May de prorrogar la salida hasta el próximo 30 de junio. Como posibilidad de entorpecer la Unión, Rees-Mogg sugirió que Londres tendría la oportunidad de vetar el próximo marco financiero plurianual de la UE, que debe entrar en vigor en 2021 para los siguientes siete ejercicios.

La primera ministra, por su parte, advierte a los euroescépticos de su partido de que el Brexit duro que defienden no es una opción que esté sobre la mesa, después de que el Parlamento votara en diversas ocasiones en contra de esa vía. Las únicas opciones viables son, por lo tanto, aprobar finalmente un acuerdo, para lo cual May necesitará el apoyo de los laboristas, o bien que el proceso de salida de la UE se acabe frustrando.

Los laboristas reprochan a Theresa May que no parezca dispuesta a mover sus líneas rojas para acercar posturas, aunque el Ejecutivo insiste en que afronta el diálogo con una mentalidad abierta y con la voluntad de hacer concesiones.