La combativa Andrea Nahles tiró la toalla como líder del Partido Socialdemócrata alemán un año y tres meses después de asumir la jefatura de una formación que en menos de veinte años ha vivido diez relevos en su presidencia sin frenar su sangría de electorado. Nahles asumió el cargo tras la renuncia de Martin Schulz, último candidato del partido a luchar por la Cancillería, en 2017, y que de gran esperanza de reflotar a la socialdemocracia pasó a hundirla en su mínimo histórico en unas elecciones generales. Del 20,5% obtenido entonces por Schulz cayó el SPD en las pasadas europeas al 15,8%, siguiente mínimo histórico a escala nacional, y se vio rebasado incluso como segunda fuerza por los Verdes.

De 48 años y exlíder de las juventudes socialdemócratas, Nahles asumió el cargo en 2018 con el propósito de reformar al partido. La nueva presidenta vivió en directo cada una de las crisis de la formación, desde la escisión provocada en 1998 por Oskar Lafontaine, quien abandonó el partido para fundar La Izquierda, hasta la erosión de electorado acentuada por las legislaturas en gran coalición bajo Merkel.