Decenas de miles de personas rechazaron ayer en las calles de las principales ciudades británicas la presencia del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la segunda jornada de su visita de Estado a Reino Unido. Trump, que calificó las protestas en su contra de fake news, se reunió con la dimisionaria primera ministra, Theresa May, con quien hizo planes sobre el gran acuerdo comercial bilateral que firmarán ambos países cuando se consume el Brexit.

Sin embargo, también el anuncio de "un ambicioso acuerdo comercial" dejó un reguero de polémica. El descontento llegó cuando Trump afirmó que el entendimiento podría incluir la entrada de capital privado estadounidense en el sector sanitario público británico, algo que rechaza la mayoría de la población y la oposición política.

"Todo estaría sobre la mesa, el NHS (servicio nacional de salud), todo", sostuvo Trump, al ser preguntado sobre las futuras negociaciones. Consciente de los recelos que esto genera en el país, May, que dejará su cargo este viernes, puntualizó que todo "deberá ser acordado por las dos partes".

Varios candidatos a sucederla al frente del Partido Conservador y del Gobierno se apresuraron a garantizar que, de llegar al poder, no consentirán la venta o privatización de la sanidad pública británica. "Señor presidente, el NHS no está sobre la mesa en las negociaciones comerciales, ni lo estará si yo soy el responsable", tuiteó el ministro de Salud, Matt Hancock. El exministro Dominic Raab, del sector conservador favorable a un "Brexit" duro y candidato a suceder a May, subrayó a su vez que, aunque desea un acuerdo "justo" con EEUU, "el NHS no está en venta y nunca lo estaría si yo fuera primer ministro".

Trump no dudó en mezclarse en asuntos de política interna y declaró que el exministro Boris Johnson, abanderado de un Brexit radical, y el ministro de Exteriores, Jeremy Hunt, situado en el bando opuesto, serían "buenos candidatos" a sustituir a May. Por otra parte, descartó, según se informó anoche, la posibilidad de entrevistarse con el líder laborista, Jeremy Corbyn.