Una alemana de 31 años, Carola Rackete, capitana del Sea Watch 3, de la ONG alemana de ese nombre, se ha vuelto el principal quebradero de cabeza del ministro italiano del Interior, Matteo Salvini, al desafiar su política de puertos cerrados. Rackete decidió el miércoles intentar el atraque en la isla de Lampedusa, con 42 migrantes a bordo.

El barco fue interceptado ayer de madrugada a tres millas „unos 5 kilómetros y medio„ de la costa y anoche aún permanecía en esa posición, a la espera de que las autoridades italianas tomaran una decisión. Rackete, que se arriesga a una pena de hasta 15 años de cárcel por contravenir la legislación italiana, se ha convertido en el emblema de quienes, en toda Italia, se oponen a la dureza de la política migratoria de Salvini.

El ministro, visiblemente molesto, ha reiterado que no permitirá el desembarco de los migrantes "a menos que alguien se haga cargo de ellos inmediatamente" para trasladarlos a un tercer país. Salvini insistió en la responsabilidas de Holanda, bajo cuyo pabellón navega el Sea Watch 3, y de Alemania, país de origen de la ONG humanitaria. Además se ha mostrado partidario de detener a la tripulación.

El barco rescató el pasado día 12 a 53 náufragos frente a las costas de Libia, pero Italia solo autorizó el desembarco gradual de 11 de ellos por razones de salud. Tras esperar durante dos semanas en los límites de las aguas italianas, y ante la situación "desesperada" a bordo, la capitana dio el miércoles orden de navegar hacia la costa siciliana.

En paralelo, el fundador de la ONG española Open Arms, Óscar Camps, anunció el miércoles por la noche que reanudará los rescates de náufragos en el Mediterráneo central a pesar de la política de puertos cerrados de Italia. España ha prohibido al Open Arms participar en rescates y, tras bloquearlo durante 100 días en Barcelona, en abril le permitió llevar ayuda humanitaria al Egeo, con la condición de no intervenir en rescates. Actualmente, el barco se encuentra en Nápoles.