El Consejo Europeo que pretende elegir los principales cargos de la Unión Europea comenzó ayer con un retraso de casi tres horas y media, por las consultas previas entre los participantes en la cumbre con las que se intentan limar las discrepancias que atascan las cumbres. En juego están la presidencia de la Comisión, del Consejo y del Parlamento europeos, así como el cargo de responsable de la política exterior comunitaria y el de presidente del Banco Central Europeo (BCE).

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, tenía previsto plantear una propuesta que optaría por la familia socialdemócrata para la presidencia de la Comisión Europea (CE) en la próxima legislatura. El principal obstáculo para que prospere esa iniciativa, según fuentes diplomáticas citadas por Efe, es la división existente en el seno del Partido Popular Europeo (PPE), algunos de cuyos miembros se oponen a que los socialdemócratas obtengan la presidencia de la Comisión Europea (CE). El Partido de los Socialistas Europeos, que quedó segundo en las elecciones por detrás del Partido Popular Europeo, propuso al holandés Timmermans como candidato. Así figura en la propuesta de Tusk, que relega al aspirante del Partido Popular Europeo, Manfred Weber, al Parlamento Europeo y reserva el mando del Consejo para un representante liberal.

La canciller alemana, Angela Merkel,aseguró ayer a su llegada que las negociaciones no serán fáciles ya que en la Eurocámara "están empeñados, al menos con dos grandes grupos parlamentarios, en el principio del cabeza de lista, y, al mismo tiempo, la mayor fuerza, el PPE, no tiene mayoría en el Parlamento Europeo", subrayó.

Por su parte, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, hizo referencia a Timmermans pero también al conservador francés y negociador europeo del brexit, Michel Barnier, así como a la liberal danesa y comisaria europea de Competencia, Margrethe Vestager, y pidió respetar "los equilibrios geográficos y de género".

La posibilidad de que Timmermans presida la CE molesta al grupo de Visagrado (Polonia, Hungría, la República Checa y Eslovaquia), al considerar que como vicepresidente primero de la actual Comisión se entrometió en cuestiones sobre el Estado de derecho en esos países. El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, considera "humillante" que el PPE, vencedor de los comicios europeos, acepte la presidencia en la Comisión de Timmermans.

La primera ministra británica, Theresa May, confía en que haya una "discusión constructiva", aunque no se pronunció sobre el reparto de cargos que estaba previsto resolver ayer y que, ante las discrepancias, probablemente se pospondrá hasta hoy. "El problema es la división entre los populares europeos. El PPE no se aclara, no se ponen de acuerdo", afirmaban ayer fuentes del equipo español en la cumbre.

Largo maratón

Por su parte, el primer ministro irlandés, el conservador Leo Varadkar, considera que el PPE no debería entregar la presidencia de la CE "tan fácilmente, sin luchar". El primer ministro italiano, Giuseppe Conte, anticipaba a su llegada que la cumbre será "un maratón largo".

La canciller federal austríaca, Brigitte Bierlein, sostiene que para Austria lo importante es que la decisión sea "equilibrada, con capacidad de ser mayoritaria y que refleje la voluntad de las elecciones" y adelantó que su país apoyará la opción que tenga una "mayoría constructiva". El actual presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, considera, por su parte, que su sucesor debe ser alguien "que pueda escuchar" y, sobre Timmermans, opina que es "muy capaz y uno de los que serán tenidos en cuenta".