Arabia Saudí ya se muestra convencida de que el ataque del sábado contra sus refinerías "incuestionablemente estaba respaldado por Irán", aseguró ayer su ministro de Defensa, Turki al Malki. Sin embargo, el reino se resiste a afirmar, como hace EEUU desde el día siguiente al bombardeo, que éste fue lanzado desde territorio iraní. No obstante, Riad coincide con su aliado en que provino del norte y no del sur, descartando la autoría de los rebedes hutíes del Yemen, que se atribuyeron la acción.

El secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, el primero que responsabilizó directamente a Teherán del ataque a las refinerías de Abqaiq y Khurais, llegó ayer a Riad para coordinar la respuesta. Pompeo insistió en que se trató de un "ataque iraní". Pero incluso si fuera cierto que lo lanzaron los hutíes, precisó, "eso no cambia las huellas de los ayatolás en haber puesto en riesgo el suministro global de energía".

El ataque obligó a la petrolera estatal saudí, Aramco, a reducir la producción a la mitad (el 5 % del suministro global) y disparó los precios del crudo Brent y Texas. Según Al Malki, fue efectuado con 18 drones y 7 misiles de crucero de fabricación iraní.

Horas antes, el presidente norteamericano había ordenado al Departamento del Tesoro un incremento "sustancial" de las sanciones contra la República Islámica, después de oír una contundente amenaza de Irán. En vista de que Riad y Washington parecen estar preparando una represalia, el Gobierno iraní advirtió a EE UU que dará una respuesta "aplastante e inmediata" a cualquier eventual agresión.

En una carta entregada en la embajada suiza en Teherán, la encargada de los intereses estadounidenses en el país persa al no existir relaciones diplomáticas, precisó que el alcance de la respuesta "no se limitará al origen de la amenaza".

La asistencia del presidente iraní, Hasan Rohaní, a la Asamblea General de la ONU, a finales de mes en Nueva York, está en riesgo debido a que el mandatario aún no ha recibido visado.

Rohaní urgió a "los enemigos de la región" a "aprender una lección" del ataque de los rebeldes hutíes contra la petrolera saudí Aramco, que calificó de una "alerta" para poner fin a la guerra en el Yemen. Y su ministro de Exteriores, Mohamad Yavad Zarif, consideró que Washington está "avergonzado" porque las armas que vendió a Arabia Saudí no impidieron el ataque de los hutíes.