23 de octubre de 2019
23.10.2019

¿No humillala muerte?

22.10.2019 | 23:49

El veredicto de los mexicanos encuestados por el Gobierno de López Obrador es terminante. El Ejército fue sometido a "humillación" el jueves pasado cuando recibió la orden de liberar al narco Ovidio Guzmán, hijo del antiguo jefe del cártel de Sinaloa, el ahora encarcelado en EEUU Chapo Guzmán. Ovidio Guzmán acababa de ser capturado en la ciudad de Culiacán por un grupo militar que se reveló insuficiente para replicar a la capacidad de fuego de los sicarios del detenido. Ante el riesgo de que la respuesta de los narcos, que incluyó la excarcelación de 50 presos, desencadenara un baño de sangre, el Gobierno optó por la liberación de uno de los detenidos más efímeros que se recuerdan.

La orden del Ejecutivo mexicano ha desencadenado en la oposición la previsible exigencia de responsabilidades políticas y la apertura de una investigación de la Fiscalía para esclarecer las causas de lo innegable: la operación estuvo mal planificada. Hasta aquí todo normal.

Tan normal como que el 63,5% de los encuestados considere que el narcotráfico tiene más poder que el Gobierno. No se equivocan. Aunque esa primacía no sea exclusiva de México, país en el que, eso sí, ha adquirido contornos más sangrientos, por ejemplo, que en el golfo de Cádiz, donde los narcos le ganan cada día la partida a la Policía española sin que apenas se derrame sangre.

Cabe preguntarse, sin embargo, si es normal el rasgado de vestiduras, no exento de cierto regodeo, con el que medio mundo ha acogido el intento de limitar los daños de un grave error. Y, de paso, cabe recordar también que la política de dureza que se reclama inexcusable en este caso es la misma que hace más de una década puso en marcha una guerra contra el narco que ya ha costado 200.000 muertos. Con resultados tan magros, nadie se engañe, como la operación de Culiacán que, al fin, no es sino su retrato en miniatura.

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