24 de octubre de 2019
24.10.2019
La Opinión de A Coruña

El oasis no era un espejismo, era mentira

23.10.2019 | 23:45
El oasis no era un espejismo, era mentira

Un billete de metro y un abanico de disculpas son inmejorables pistas para entender la crisis chilena. La violencia estalló, hace ya más de una semana, cuando se anunció una subida del título de transporte de cuatro céntimos de euro. No hay errata. La petición de perdón de Piñera, que este lunes todavía estaba "en guerra" con su pueblo, admite la protesta como "legítima" y, para descargarse de responsabilidad, revela que "los problemas se acumulaban desde hace muchas décadas". Una precisión: desde que la Escuela de Chicago, mediados los 70, lanzó el primer experimento mundial de neoliberalismo.

Los manifestantes tienen tantos agravios acumulados que, sin ironía, puede decirse que se quejan por todo. Sueldos, pensiones, sanidad, educación... Para entender el conflicto basten tres datos: el 50% de los chilenos malvive con el 2% de la riqueza del país. El 1% acapara el 26,5% y apenas paga impuestos: Piñera propone ahora gravar con un 40% las rentas superiores a 120.000 euros anuales. Miren su nómina y comparen.

Tal vez estos apuntes ayuden a entender que el "oasis" de América Latina no es que fuera un espejismo, es que era una mentira. Apuntalada por el peso de las armas „¿se imaginan al Ejército defendiendo la comisaría de Vía Laietana?„ y destinada a torcerle el brazo a los refractarios a tragarse sapos neoliberales.

Una mentira, la chilena, fabricada con los ladrillos de los datos macroeconómicos. Un paro del 7% canta como un ángel las excelencias de un sistema que convierte a la población en clase media. Una explosión social por 0,04 euros desnuda la vacuidad de llamar clase media a quien no llega a mediar el mes. Chile era el faro que escupía la culpa del marasmo latinoamericano sobre la espalda de sus poblaciones. Ahora que se ha quedado sin fuego, su silueta desprende tufo a cartón piedra.

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