El expresidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva abandonó ayer la cárcel donde cumplía una condena por corrupción desde hacía un año y siete meses, en la ciudad de Curitiba. La liberación del exmandatario fue ordenada por un juez de esa ciudad del sur del país, pero en realidad es fruto de un polémico fallo tomado la víspera por el Supremo brasileño.

La defensa de Lula se apresuró ayer a solicitar su excarcelación pocas horas después de conocer la decisión adoptada la noche del jueves por la máxima corte del país, que, en una ajustada votación por seis a cinco, determinó que la prisión de una persona condenada antes de que se agoten todos los recursos es inconstitucional.

El juez Danilo Pereira Junior, de la 12.ª Sala Criminal de Curitiba, capital del estado de Paraná, estudió la petición de los abogados del expresidente y en pocas horas autorizó su puesta en libertad.

Lula está en prisión desde el 7 de abril de 2018, cuando empezó a cumplir una pena de ocho años y diez meses por corrupción, después de ser condenado en segunda instancia, acusado de recibir como soborno un apartamento de la constructora OAS, a cambio de beneficios para la adjudicación de contratos con la petrolera Petrobras.

La sentencia fue confirmada en una tercera instancia, pero aún está pendiente una apelación ante la Corte Suprema ya presentada y pendiente de pronunciamiento.

Lula se beneficia así del fallo del tribunal, que anuló una jurisprudencia que había establecido en 2016 y con la cual había autorizado ejecutar una pena de prisión después de que esta se confirmara en segunda instancia, pese a que en esa fase quedaban aún dos apelaciones pendientes.

Según la nueva decisión, la prisión solo podrá ordenarse cuando, como establece la Constitución, se hayan agotado todos los recursos posibles, con lo que la culpabilidad estará plenamente establecida.

Los promotores de la operación Lava Jato, la mayor investigación contra la corrupción en la historia de Brasil, rechazaron la decisión del Supremo y expresaron su temor a que "afecte a los resultados de su trabajo".

La justicia impidió a Lula presentarse a las presidenciales de octubre de 2018, en las que venció el ultraderechista Jair Bolsonaro. Su encarcelamiento dividió al país, máxime cuando, meses antes de los comicios, lideraba los sondeos de intención de voto. Y sigue dividiendo: las redes sociales, tan polarizadas como el país, lo decían ayer con claridad: "Lula Libre Ahora", "Lula Preso Para Siempre".