23 de noviembre de 2019
23.11.2019
La Opinión de A Coruña

Piden poner fin a la obsesión alemana por el ahorro

22.11.2019 | 20:43
Angela Merkel y su sucesora en la CDU, Annegret Kramp-Karrenbauer, ayer.

Desde los sindicatos hasta el empresariado y el partido Verde, cuyas posibilidades de llegar al Gobierno federal han aumentado últimamente, piden poner fin a la obsesión ahorradora de la Gran Coalición alemana, que se ha convertido en una auténtica rémora para la modernización del país.

El Instituto de la Economía alemana, considerado muy próximo a la Federación de la Industria germana, ha propuesto que el Estado dedique en los diez próximos años inversiones multimillonarias a modernizar las infraestructuras, mejorar la educación a todos los niveles y aliviar el peso que soportan los municipios.

El partido Verde, a su vez, propone flexibilizar lo que en Alemania se conoce como "freno al gasto público", para permitir al Estado endeudarse en hasta un uno por ciento de su producto interior bruto y financiar así nuevas inversiones de futuro, siempre y cuando la deuda pública esté por debajo del 60 por ciento del PIB.

Por culpa de su conocida obsesión con el déficit cero, Alemania no sólo no ha invertido lo suficiente en nuevas tecnologías, sino que muchas infraestructuras absolutamente esenciales para el buen funcionamiento de la economía se ha vuelto obsoletas y necesitan un fuerte impulso público, según queja generalizada.

En casi ningún otro país industrializado hay tan pocos hogares conectados a la red de fibra óptica; en casi ninguna otra parte es tan deficiente el acceso a internet, denuncia continuamente la prensa alemana.

Y el Estado podría aprovechar los actuales intereses negativos para financiar con extrema facilidad todas las tareas pendientes: por cada 100 euros que tomase como préstamo, le tocaría devolver sólo 97 al cabo de diez años. ¿Cuándo se había visto hasta ahora eso?

Incluso el cerebro del déficit cero, Christian Kastrop, exfuncionario del ministerio alemán de Finanzas que dirige actualmente el programa Futuro de Europa de la fundación Bertelsmann, de Berlín, cree que, una vez saneadas las finanzas, hay que dejar de tomarse la regla del déficit al pie de la letra y darse un respiro.

Su propuesta consiste en adecuar el nuevo endeudamiento al éxito en la reducción de la deuda pública acumulada: cuanto menor sea ésta, mayor capacidad debe tener el ministro de Hacienda de turno para asumir nuevos préstamos.

De ese modo, si se consigue, por ejemplo, situar el total de la deuda por debajo del 50 por ciento, el límite de nuevo endeudamiento, que es actualmente de sólo un 0,35 por ciento del PIB, podría incluso duplicarse. Y esa nueva deuda debería dedicarse a potenciar el crecimiento.

La propuesta del grupo Verde en el Parlamento federal no estriba en abolir el déficit cero, sino en complementarlo con una nueva regla que permitiese futuras financiaciones a base de préstamos.

Según la experta en finanzas del partido ecologista, Anja Hajduk, si la deuda pública acumulada fuese inferior al 60 por ciento del PIB, el Estado podría financiar mediante créditos futuras inversiones siempre que el nuevo endeudamiento no superase el 1 por ciento del PIB.

El problema es que para modificar el statu quo sería necesario contar con una mayoría de dos tercios tanto en el Bundestag (Parlamento) como en el Bundesrat (Cámara de las regiones).

Para sortear esa posible dificultad, el experto Kastrup propone crear una sociedad inversora con capital público y privado: el Estado tendría una participación minoritaria de en torno a 50.000 millones de euros, pero la parte del león sería de los inversores privados.

Como explica Kastrup, aun cuando el Estado financiase su parte mediante créditos, éstos no contarían como déficit ya que tendrían como contrapartida un patrimonio público por la cantidad equivalente.

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