La provincia de Idlib, que desde el comienzo de la guerra en Siria está controlada por facciones insurgentes, es el último bastión opositor y la pieza que le falta a Damasco para dominar todo el país a la espera de terminar una compleja ofensiva por los millones de civiles atrapados. Este ha sido el año en que el Ejército sirio ha comenzado su última gran campaña militar en el noroeste de Siria contra un territorio controlado por una miríada de facciones, la más importante el Organismo de Liberación del Levante, una alianza islamista en la que está incluida la exfilial siria de Al Qaeda, anteriormente denominada Frente al Nusra, el principal objetivo de Damasco y Moscú.

La aparición del presidente sirio, Bachar al Asad, en el frente de batalla en octubre de este año fue un punto de inflexión ya que fue la primera vez en que aparecía en Idlib desde el inicio de la guerra en el año 2011. Más de 2,5 millones de personas penden ahora de una campaña que la ONU ya advirtió el año pasado que podría provocar una tragedia humanitaria.

Las unidades sirias han conseguido avanzar desde el 30 de abril, cuando dio comienzo la ofensiva, y domina prácticamente toda la provincia de Hama y el sur de Idlib, aunque le queda el resto de esta última provincia, así como el oeste de Alepo y el norte de Latakia, feudo de Al Asad.

En esta área, según el acuerdo de Sochi de 2018, hay puestos de observación rusos y turcos (valedores de la oposición) en una zona "desmilitarizada", pero que ha sido violada prácticamente a diario desde su establecimiento.

Rami Abdelrrahman, director del Observatorio Sirio de Derechos Humanos, asegura que no se cumple el acuerdo y Moscú "lo usa como excusa para bombardear las zonas de Idlib".En su opinión, el Ejército sirio no podrá controlar esta provincia en 2020. "Se estima que hay unos 30.000 yihadistas en la provincia", afirma Abdelrrahman, que teme que haya una "masacre" contra ellos ya que "no hay lugar para estos yihadistas".

El Observatorio, con multitud de observadores sobre el terreno, ha registrado desde el 30 de abril la muerte de un total de 1.315 civiles por fuego de Damasco y Moscú, entre ellos 335 niños y 242 mujeres.